¡Al fin! Vamos por el “des-princesamiento” de nuestras niñas

La tendencia venía tomando fuerza hace un tiempo. Han habido campañas que buscan promover y fomentar la crianza libre de estereotipos de género, pero nada tan directo y concreto como el taller de “des-princesamiento” que organizó la Oficina de Protección de Derechos de la Infancia (OPD) de la comuna de Iquique.

princesa

Este taller busca fortalecer en las niñas el valor del crecer libres de los prejuicios y estereotipos asociados su género, como, para el caso de las princesas, esperar al “príncipe azul”.

¿Cómo te gustaría que tu hija definiera ser niña, ser mujer? Sensible, amable, frágil, divertida, bonita? ¿o que se también se defina como una persona fuerte, independiente, inteligente, capaz, libre?

Parte de lo que la gran mayoría de las madres de hoy recibió en su infancia fueron los cuentos de hadas, las películas Disney, donde las princesas eran “lindas”, sin capacidades concretas reales aparte de cantar y bailar, donde de alguna forma siempre llegaba el príncipe azul a salvarlas, con el cual se sentían completas y terminaban formando una familia feliz.

Sin duda no estamos en contra de forma una familia, de casarse o de encontrar la “media naranja”. Sin embargo, el “ideal” ha evolucionado y es hoy más amplio que nunca en nuestra historia. Hoy las mujeres tienen la oportunidad de ser lo que quieran y, aunque aún hay muchos obstáculos, las niñas pueden soñar con ser bombero, presiente, doctor, bailarina, arqueóloga, bióloga, científica, ingeniero, escritora, etc.

La idea de la princesa puede parecer muy inocua, algo que más allá de ser entretenido y permitirle a las niñas jugar un rato con disfraces y cuentos no trae mayores consecuencias. Sin embargo hay mucho más detrás de los vestidos pomposos y rosados. Hay una cultura que ha disminuido las capacidades de las mujeres, que ha valorado la versión masculina de los logros (muchas madres sufren hoy a causa de ese peso en su mundo laboral), que la cuesta concebir a la mujer como un ente independiente y automáticamente la junta con una pareja para estar “completa” y que finalmente ha ayudado a mantener la realidad de la desigualdad de género.

Las niñas tienen derecho a definirse como persona y para eso la responsabilidad de los padres y la sociedad completa es entregarles las herramientas para que ellas puedan decidir y tomar lo que más les guste y acomode. No estamos en contra de las princesas. ¿Cuántas de nosotras mismas hemos llamado a nuestras hijas, sobrinas, etc. “princesita”? Sin embargo el problema es que solo las llamemos así. Sin querer las ubicamos, las forzamos a entrar en un estereotipo definido.

¿Cómo damos la pelea? ¿Cómo cambiamos el paradigma?

Talleres como este son un excelente comienzo, pero en casa podemos hacer mucho. Preguntate quién pone la mesa para comer, quién levanta los platos, quién ayuda a la mamá en la cocina. Quién tiene “permiso” para jugar con barro y quién puede saltar de la pandereta sin que le digan “cuidado que se te van a ver los calzones!!!”. Quién aprende a usar la lavadora de ropa? Quien va a la feria? Quién recibe los legos y juegos científicos para navidad? En quién es mas “normal” que le vaya mal en matemáticas?

El machismo se enseña en casa, se transmite de generación en generación. Nosotras mismas somos culpables sin siquiera darnos cuenta. Hoy es el momento para pensar nuestras acciones, lo que pedimos de nuestros hijos y lo que queremos que logren en su vida (que estoy segura la gran mayoría de los padres dirá “que sea feliz”).

 

desprinceseadoLos padres de hoy tienen una tarea difícil, les ha tocado criar hijas de una forma completamente diferente a lo que conocen, pero esto no es una excusa. La ignorancia se soluciona con conocimiento, conversando, abriendo la mente a lo nuevo y aceptando que podemos estar equivocados, que lo que nos enseñaron nuestros padres ya no es lo correcto, ya no es lo mejor para las niñas de hoy y mañana. Debemos criar hijos e hijas que crean en ellos mismos, que entiendan que hombres y mujeres somos diferentes, pero iguales en nuestra capacidad de soñar, crear, crecer y cambiar el mundo.

Espero de todo corazón que este tipo de taller sea replicado en todo el país, que entendamos que las palabras crean realidades, que los juegos forman futuros adultos y que lo que nosotros entregamos hoy es lo que ellas podrán ser en el futuro.

Pueden leer la noticia AQUÍ

 

Daniella Rossi

Magister en psicología clínica

Directora de Revista Carrusel

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