Autoimagen y autoestima en niños con discapacidad | Revista Carrusel

Autoimagen y autoestima en niños con discapacidad

26 enero, 2010 por
Categoria: Columnas

Por Karina Nazar Daccarett
Psicóloga
karina@creamundo.cl
www.creamundo.cl

Tal como el concepto lo indica, la autoimagen se configura a partir de las características, creencias y experiencias de cada individuo, influido por el entorno cultural, histórico y social en el que el sujeto se encuentra inmerso.

En este sentido, la definición que los otros hacen de nosotros se torna trascendental, sobre todo cuando se es niño/a, puesto que dicha percepción se convierte en un referente a partir del cual comenzamos a definirnos, principalmente cuando provienen de personas significativas, como el papá, la mamá, los hermanos, amigos y profesores, entre otros.

Es así, como un niño o niña que ha sido definido y tratado constantemente de cierta forma, probablemente va a adquirir una autoimagen coherente con ello. Cuando a un niño se le dice constantemente que es tímido se le comienza a situar en esa posición, ya que no sólo se le atribuye dicho calificativo verbalmente, sino que se le acompaña de actitudes que refuerzan ese mensaje. Por ejemplo, si creemos que Manuel “es tímido” probablemente hablemos por él frente a ciertas situaciones, fomentando de esta manera la timidez, favoreciendo en este niño la construcción de una imagen de sí mismo en función de la idea de que “es tímido”.

De esta forma, la autoimagen y la autoestima son productos de la interacción entre lo que somos, cómo nos vemos, cómo nos ven los demás y cómo vemos que nos ven los demás, siendo conceptos dinámicos y permutables a lo largo de la vida.

Ahora… ¿Qué ocurre con la autoimagen de un niño/a con algún tipo de discapacidad? Básicamente lo mismo. La diferencia radica en las dificultades que el entorno comienza a plantear al definir a esa niña o niño… cómo lo perciben los otros y cómo actúan en función de esa visión, determinando cómo éste se ve a sí mismo.

Por eso es importante que quienes rodean a un niño/a que con discapacidad, lo vean y definan más allá de su discapacidad. El niño no es el pie que le falta, sino mucho más que eso, es Martín, un niño que juega, ríe, canta, baila, es tierno, llevado a su idea, le gustan las matemáticas, pelea con su hermano, y además… le falta un pie.

En este contexto, la autoestima que tiene un niño o niña que presenta alguna discapacidad se va construyendo con la ayuda de quienes lo rodean, siendo fundamental que su entorno promueva en él el sentido de dignidad y respeto por sí mismo.

Para ello, primero que todo, tenemos que considerar que la aceptación de uno mismo es uno de los principales aspectos que favorecen una buena autoestima. Junto con la aceptación de la existencia de la discapacidad, se puede comenzar a fomentar y desarrollar las habilidades y capacidades del niño/a, en tanto se entiende que la discapacidad no discapacita en su totalidad a quien la tenga. En función de esto, nunca hay que perder de vista que el hecho de que un niño presente una discapacidad no lo hace un “discapacitado”.

¿A que me refiero? es necesario tener en cuenta el lenguaje que utilizamos, puesto que existe una notable diferencia al hablar del “niño que presenta una discapacidad” en contraposición a hablar del “discapacitado”, en tanto esta última no sólo tiene una evidente connotación negativa, sino que también en su misma definición discapacita a quien hace referencia. Por el contrario, al hablar de la “persona con discapacidad” anteponemos al adjetivo la integridad del sujeto, otorgándole a este último mayor importancia, y entendiendo a la discapacidad como un atributo y no como la persona misma.

Considerando lo anterior, el rol que desempeña la familia es trascendental, en tanto existe una alta correlación entre la aceptación que tiene la familia y la que presenta un niño/a en relación a su discapacidad.

Es por ello que numerosos profesionales de la salud, tales como el español Jesús Flórez, plantean que es fundamental el reconocimiento de las cualidades de nuestros hijos, lo que permite desarrollar en el niño el sentimiento de competencia, en tanto se pasa de “lo que no podré hacer” producto de la discapacidad a lo que “si podré hacer”. El desarrollo de este sentimiento de competencia conlleva la adquisición de un mayor sentido de independencia, promoviendo el orgullo y la autoestima.

Pero, ¿Cómo puedo promover la independencia en mi hijo? Para ello es necesario que tu hijo se sienta exigido en ciertos aspectos, sobre todo en los que puede realizar sin tu ayuda. Evita entregarle todo fácilmente o hacer las cosas por él, para que exista una motivación por esforzarse a realizar ciertas conductas, siempre teniendo consideración de que la exigencia debe ser razonable y regulada por tu criterio como padre.

Considerando esto, no debemos olvidar que los padres somos un referente importantísimo, si es que no el más importante, en la formación de nuestros hijos. Tener un hijo o hija con discapacidad nos enfrenta a variados desafíos a los que como padres no siempre sabremos responder. Por eso es fundamental apoyarnos en quienes nos rodean, y buscar la ayuda profesional necesaria para poder integrar, de la mejor forma posible, las consecuencias que este hecho tiene para mi, más allá del rol que me compete como papá o mamá.

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