La música es tan importante en el desarrollo del carácter de las personas que se ha podido comprobar incluso el efecto que tienen los sonidos musicales en el desarrollo del niño cuando está en el útero materno.
Mediante la simple medición con ecografías y fonendoscopios en madres que escuchaban distintos tipos de música, se comprobó que, mientras que la música clásica producía movimientos lentos del niño y ninguna alteración de sus constantes cerebrales y circulatorias, la música rock le provocaba movimientos nerviosos y aumentos de su frecuencia cardíaca.
Este efecto se notaba incluso cuando el niño había nacido si volvía a escuchar el mismo tipo de música, observándose con claridad que la música rock le producía excitación e irritabilidad aunque fuera a poco volumen.
¿Quiere decir esto que la música rock es perjudicial y la clásica beneficiosa? No exactamente, ya que lo que se ha demostrado con ello es que modifica el comportamiento y que sabiamente aplicada una y otra, en el momento adecuado, se puede influir sobre la conducta y el carácter de las personas.
En la aplicación de la musicoterapia intervienen tres parámetros: cadencia o ritmo, intensidad o volumen, frecuencia o posición en el pentagrama.
Las notas altas, agudas: actúan preferentemente sobre las contracturas musculares, se propagan rápidamente en el espacio aunque en distancias cortas, actúan fuertemente sobre el sistema nervioso, constituyen una señal de alerta y aumentan los reflejos, al mismo tiempo que nos ayudan a despertarnos o a sacarnos de un estado de cansancio o sopor.
Como factor negativo tenemos el hecho de que el oído es especialmente sensible a ellas y si son muy intensas y prolongadas lo pueden dañar, lo mismo que su efecto sobre el sistema nervioso puede provocar cierto descontrol y alteraciones en los impulsos nerviosos que se vuelven incontrolados.
Las notas bajas, graves: no parece que tengan influencia sobre las terminaciones nerviosas y su efecto es más mecánico, por lo que tienen mayor influencia sobre las zonas corporales huecas, como los pulmones, corazón y abdomen, quizá porque son lugares idóneos para las resonancias. Las notas graves se perciben mal en distancias cortas, por lo que su efecto inmediato es difícil de medir, aunque son capaces de ser audibles en muchos kilómetros a la redonda. Terapéuticamente tienden a producir efectos sombríos, visión pesimista del futuro y tranquilidad extrema.
La cadencia de las notas musicales, graves o agudas, es el segundo factor en importancia. Mientras los ritmos lentos inducen a la paz y la meditación, los más rápidos invitan al movimiento y a exteriorizar los sentimientos.
El tercer y último elemento musical es la intensidad. Cualquiera de los otros dos efectos, cadencia o frecuencia, produce efectos mucho menores que la intensidad del volumen, hasta el punto de que una nota o partitura que en sí misma es tranquilizante puede volverse irritante si el volumen es más alto que lo que el oyente puede soportar.








