Colecho: que el amor lo conquiste todo: Preguntas sin respuestas. Respuestas sin preguntas. Preguntas y respuestas.

Colecho: que el amor lo conquiste todo: Preguntas sin respuestas. Respuestas sin preguntas. Preguntas y respuestas.

Por Melina Bronfman*

Las personas que insisten en la figura del colecho como negativa, tienen una visión recortada e incompleta del niño pequeño y también de lo que le pasa a su madre. No sólo los bebés necesitan dormir en brazos. Las madres también necesitan a su bebé cerca. Cuando nacemos, somos sobre todo, seres biológicos, no seres culturales.

Las necesidades de los recién nacidos son exactamente iguales en cualquier punto del planeta, como la de cada mamífero: contacto constante y exclusivo con la madre, alimento disponible, temperatura constante, protección física y emocional (que es lo mismo en realidad, al estar en contacto materno permanente). Esta necesidad, al ser continua, no distingue entre el día y la noche.

El colecho no es más que una consecuencia de decidir proveer al bebé de esta experiencia, absolutamente legítima, desde el punto de vista de su necesidad.

La cría humana ha nacido en un nido, humano también. Como toda cría, abandona el nido cuando ya están en condiciones de proveerse solos o de pedir claramente por sus necesidades.

La sexualidad de los padres, mientras tanto, evidentemente pasará a protagonizar otros espacios del hogar. El living, la habitación sin uso, la cocina, el baño, son espacios perfectos para un momento de intimidad. Sí, un momento: en los tiempos de criar, dormir es sagrado, y si el niño duerme, un orgasmo puede ser sumamente placentero y regulador, pero ¡que no nos tome mucho tiempo!

El sexo olímpico (aquellos tiempos en los que la pareja podía estar horas prodigándose placer) es de la prehistoria de la pareja. Ahora, lo que queremos, es dormir.

Es curiosa la confusión de colecho con incesto. El colecho se lleva a cabo durante los primeros años del bebé, no durante la edad reproductiva de los hijos. El incesto, o el abuso por parte de los adultos, es cierto que puede perpetrarse a cualquier edad. Lo que es casi seguro, es que suele llevarse a cabo en la habitación del menor, no en el espacio compartido por la pareja. El abusador sabe que lo que está haciendo está mal, y lo hace a escondidas.

El riesgo de asfixia es real, pero el problema no es el colecho, sino en la superficie en donde éste se lleve a cabo: el colchón, debería ser liso y duro. En realidad, se coleche o no, la superficie en donde se duerme debería ser siempre sólida, porque las superficies mullidas perjudican la salud articular, ósea y muscular. Quien omite este detalle, pierde algo importantísimo para lograr un descanso adecuado.

En una superficie que se hunde, lo más probable es que todos vayan a parar al mismo lugar, y el bebé, pequeño y frágil, lleva todas las de perder.

La forma más segura de colechar es la que tiene en cuenta las necesidades del bebé y las medidas de seguridad necesarias para evitar accidentes. Unicef recomienda: (sí, tiene recomendaciones para un colecho seguro) no fumar, no consumir alcohol ni psicofármacos, que la superficie sea dura, no tapar al bebé, sino ponerle una prenda que lo abrigue, para que las mantas – si son pesadas- no le dificulten la respiración.

Agrego que es importante minimizar al máximo el riesgo de caídas. Por lo tanto es ideal que la cama sea baja durante el periodo de crianza, o llevar el colchón al suelo. El bebé, ubicado entre la madre y la pared, y en el caso de que haya hermano más grande, que esté intercalado con el padre (adulto/niño/adulto/ niño).El colchón ideal es el que va de pared a pared, de alta densidad y baja altura.

Los niños a los que se obliga a dormir en su habitación, terminan auto-colechándose a pesar de la negativa de los padres, porque es instintiva la búsqueda de la seguridad. Apenas ven la oportunidad, se instalan secretamente con más intensidad que si lo hicieran sintiendo que tienen derecho a tomar lo que necesitan, y que cuando ya no lo necesiten pueden tener acceso a su propio espacio, quizás, porque sienten que hacen algo “indebido” (sin duda, decepcionan las expectativas de sus padres) pero que necesitan mucho.

Los padres que ponen llave a su habitación quizás “se salgan con la suya”, pero en realidad, están dejando de mirar a su hijo o hija, y algo de su vínculo se está dañando en el dominio de la confianza mutua y de la reciprocidad. Los adultos les enseñamos con cada gesto cómo debemos ser tratados los demás y cómo ellos deben tratar.

Recomiendo a esos padres que observen a sus hijos y que saquen sus propias conclusiones cuando experimenten de qué manera duermen mejor.  El sueño vence, quieran o no.

Los prejuicios que rodean al colecho, son un misterio. De la misma manera que no logro entender cómo las mujeres hemos permitido que se perturbe el momento del parto y del encuentro con nuestra cría, que hemos permitido que nuestros pechos fueran anulados en su función y fuesen considerados un objeto precioso dentro del mundo, por ejemplo de la publicidad (y ya no de la salud!), tampoco me explico cómo a ojos vista, observando que el colecho es fisiológico (innegablemente necesario para el bebé, es decir para cada uno de nosotros en su período de mayor vulnerabilidad física y emocional) hayamos creído y dado autoridad a sistemas de creencias totalmente falsos, infundamentados y evidentemente infructuosos.

Algunos padres temen que el colecho sea interminable. Luego, al practicarlo, desean que nunca termine; sin embargo, no es para siempre.

Cuando el niño tiene su propio espacio, adecuado a su edad y necesidades, con total acceso a sus juguetes y lugares de descanso, en algún momento, sin presiones, solos y por su propia iniciativa, desean dormir en su habitación, su espacio íntimo.

Ese momento suele ser muy disfrutado por el niño, que se siente lo suficientemente fuerte y grande como para dormir por su propia cuenta. Son los dormires placenteros y estables, los que permiten un descanso profundo en el niño, que posibilitarán un despertar feliz y lleno de energía para explorar el mundo y aprender a vivir en él.

¡OMINA VINCIT AMOR! ¡QUE EL AMOR LO CONQUISTE TODO!

*Melina Bronfman es  Musicoterapeuta​, Eutonista y Coacher ontológica.​ Además es Doula especializada en postparto​. Se capacitó en el Instituto Pliker Lóczy de Budapest acerca de los cuidados, acompañamiento del desarrollo y enfoque fisiológico sobre el niño de 0 a 3 años,  el acompañamiento del  juego, los límites y la violencia, el acompañamiento pikleriano en las familias. ​​Es educadora prenatal con el Curso Materpater para parejas gestando.​ ​Es docente de la ACADP (Asociación Civil Argentina De Pueri​c​ultura).

melinab-2

Prev Panoramas de fin de semana (10 al 13 de diciembre)
Next ¡Tenemos concurso navideño para los más peques!

0 Comments

No Comments Yet!

You can be first to comment this post!

Leave a Comment