La Transición desde la Educación Parvularia a la Básica


Prof. Verónica Romo López.[1]

Se han desarrollado varios estudios (Ghaye y Pascal en 1989; Fabian y Dunlop, en 2002, entre otros) que muestran la enorme relevancia que tiene para la vida de niños /as, las formas en que experimentan la transición desde la Educación Parvularia a la educación Básica, así como las formas en que vivencian los primeros meses de su experiencia escolar. En efecto, aquellos niños /as que viven una transición preparada con anticipación, que generan una adecuada articulación entre el Nivel Parvulario, la familia y el nivel de Educación Básica, tienen grandes posibilidades de tener éxito escolar y de desarrollar estilos de afrontamiento positivos frente a cambios y dificultades en sus vidas.

Debemos por tanto ocuparnos de lo que ocurra con nuestros niños y niñas desde unos meses antes de finalizar el período escolar en el Nivel Parvulario, como de lo que ocurra en ese período de espera para el ingreso a la  Educación Básica y, obviamente, de las formas en que ellos y ellas están vivenciando sus primeras semanas y meses de escolaridad en primer año de la Educación Básica.

¿Quiénes debemos ocuparnos de estas situaciones? Sin duda, y como lo sabemos al menos desde 1979 con Urie Brofenbrenner, pero como dice Victoria Peralta (2006-2009), como lo sabemos con nuestros precursores[2], todos quienes estamos involucrados en la vida de estos párvulos que deberán dejar el nivel parvulario: el /a Educador /a de Párvulos, los integrantes de la familia y la docente de Educación Básica, que acogerá al niño o niña en primer año de este nivel. Y sin duda es altamente deseable que se involucre el cuerpo directivo del o los establecimientos para ofrecer e impulsar las diferentes acciones.

Y obviamente, todos estos actores deberán tener en cuenta la complejidad de aspectos del “ser” del niño o niña que se verán afectados. Aspectos socio-afectivos, relacionado con el bien-estar que niños y niñas debieran vivenciar en todo el proceso; aspectos físico motrices que nos obliga a mirar no sólo la infraestructura, el espacio, la ergonometría de los aparatos, sino también a no olvidar que aún necesitarán apoyo en hábitos de higiene, de autocuidado; y los aspectos cognitivo-comunicativos, no sólo verbal sino también en otros lenguajes. Y no sólo atender a sus funciones cognitivas básicas de percepción, rango de atención, capacidades y estrategias de memoria, entre otras, sino también considerar la diversidad de niños y niñas presente en las aulas: inteligencias diversas, ritmos de aprendizaje diversos, formas de aprender diversas.

En consecuencia, entre las muchas acciones y procesos de los que debemos  ocuparnos se puede mencionar:

  1. Desde el/a Educador /a de Párvulos:
  2. Promover encuentros del niño/a con su futuro entorno y docente; ojala sus futuros compañeros, si es posible.
  3. Transmitir al/a futuro/a docente de primer año de Educación  General Básica (EGB) que acogerá a los niños y niñas, ideas muy claras respecto a lo que cada uno/a es (sus características personales, su tipo de inteligencia, sus intereses especiales, sus  áreas de grandes logros y sus dificultades) y lo que cada uno /a sabe (no sólo en lenguaje, ciencia y matemática sino también en artes y humanidades, en aspectos valóricos y ciudadanos).
  4. Desde la familia:
  5. Conversar con frecuencia con el niño/a intentando mostrarle con entusiasmo todo lo nuevo que aprenderá cuando entre a primero básico.
  6. Entusiasmarlo con la idea que aprenderá a leer y en lo posible, regalarle cuentos sencillos con letras grandes que él o ella leerá con los adultos que lo atienden, y hacerle notar que luego ya, el o ella podrá leerlos solito/a.
  7. Asistir a reuniones tanto con la Educadora de párvulos como con el/a nuevo /a docente que el niño o niña tendrá para conversar con ellos sobre su hijo/a y transmitir temores y creencias que se tienen respecto de este ingreso a la EGB.
  8. Desde el /a profesor/a de EGB (primer año) que acogerá al niño /a:
  9. Acercarse al aula del nivel parvulario en que se encuentran los niños /as que recibirá al año siguiente.
  10. Adoptar estrategias lúdicas y centradas en las artes (plástica, musical, literaria o de representación) para lograr los aprendizajes de los niños y niñas
  11. Tener encuentros frecuentes antes de y al inicio del año escolar con los padres  y eventualmente con padres e hijos /as.
  12. Enviar con los mismos niños /as comunicados a la familia en que se presente lo que se hará y luego lo que se hace con los niños y niñas, para recibir el apoyo del hogar.
  13. No siempre estas acciones están presentes en los establecimientos; y es aún más difícil (pero no imposible) cuando el establecimiento donde los niños /as iniciarán su escolaridad básica es otro diferentes del Jardín Infantil.

    Una experiencia que debiera re pensarse es la llamada graduación desde el Jardín Infantil o nivel Parvulario. Ello porque pudiera pensarse, desde el niño /a que ha terminado algo y que iniciará algo muy diferente. Tal vez la ceremonia debiera ser de bienvenida a la EGB, antes que de despedida del nivel anterior. Para pensarlo.



    [1] E. Verónica Romo López es Educadora de Párvulos, Profesora de Música, Bachelor in Independent Studies (Art Education), Magíster en Investigación Educativa, Dra. en Psicología y Educación de la Universidad de Granada, con estudios y cursos en Flauta Traversa, Piano y Composición, Dibujo y Pintura, Derechos Humanos y Educación en Derechos Humanos. Actualmente es Directora de la Escuela de Educación Parvularia de la Universidad Central de Chile, Vice Presidenta del Comité Chileno de la Organización Mundial para la Educación Preescolar, OMEP y miembro del Equipo de Educación en Derechos Humanos de Amnistía Internacional Chile.

    [2] Peralta, M.V. (2006-2009) serie: “Historia de la Educación Infantil”. Volúmenes I, II, III y IV. IIDEI, Universidad Central.

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