¿Cómo manejar un “mal comportamiento” y transformarlo en aprendizaje?

¿Cómo manejar un “mal comportamiento” y transformarlo en aprendizaje?

Generalmente, la preocupación inmediata de los padres y madres, es resolver las contingencias cotidianas, los malos momentos de “mal comportamiento” de los hijos, que lo llevan a pensar que lo “tiene que disciplinar” urgentemente, para evitar “ahorcarlo”, para que no se transforme en un niño “malcriado” o para que, simplemente, la casa funcione.

En el punto en que un padre o madre se plantea la necesidad de corregir un determinado comportamiento en su hijo, probablemente está sumido en la desesperación de la urgencia. Sin embargo, una modesta inversión de tiempo, puede derivar en más que, simplemente, la resolución del conflicto puntual. De hecho, puede proporcionar un aprendizaje para toda la vida.

Por ejemplo, pensemos que llegas a casa sin energía alguna, después de un día agotador y apenas cruzas la puerta, tu hijo de 3 años, corre hacia ti con su pelota para jugar contigo. Tu lo saludas, logras dejar tus cosas en la mesa y pretendes sentarte, pero tu hijo te insiste en jugar y como te demoras, empieza a llamar tu atención, a molestar a su hermano, a gritar o, de plano, a llorar.

Tu tentación será la salida inmediata, decirle “anda a jugar con tu hermano, ya voy”, “deja de llorar, ya jugaremos”, “pórtate bien y jugamos”, etc. Al fin, estás tan cansado/a que toda posible resolución rápida ayudaría.

Sin embargo, invertir un poco más de tiempo, puede dar mayores frutos. Pero requieres invertir en observar, analizar y planear. ¿Qué le está pasando? ¿Por qué se comporta así? ¿Cómo le ayudo?… y hacerlo.

Podrías entonces decirle, por ejemplo:

 

1.- “¿tienes muchas ganas de que juguemos a la pelota cierto?

2.- “sé que estás impacient..”

3.- “…porque me esperaste todo el día para jugar y ahora que llegué aún no jugamos”

4.- “Debe ser porque quieres que me apure que llamas mi atención y como estás enojado, peleas con tu hermano”

5.- “Quiero que sepas que yo también quiero jugar contigo. Lo que pasa es que acabo de llegar y estoy muy, muy cansado”

6.- “Realmente necesito sentarme un rato y sacarme los zapatos, para tener más energía para jugar”

7- “¿Qué podrías hacer mientras que yo descanso”

8.- “para esperarme más tranquilo?

 

Te voy a mostrar todo lo que le estás enseñando al hacerle esas preguntas:

 

  1. Reconoces su emoción, por lo tanto, le enseñas que las emociones son válidas y normales.
  2. Le pones nombre a su emoción, por tanto, le educas en “lenguaje de emociones”
  3. Verbalizas una explicación posible de lo que generó esa emoción, por ende, le instruyes en la capacidad de observarse y comprenderse a sí mismo.
  4. Reconoces su deseo y lo vinculas con sus conductas, por cuanto, le ilustras que lo que hace se relaciona con lo que siente o piensa y le facilitas el autocontrol.
  5. Expresas tus sentimientos, por lo tanto, promueves su capacidad de empatía.
  6. Le compartes tu necesidad y una solución a ella; por consiguiente, le das lección de autocuidado.
  7. Lo motivas a generar ideas y soluciones, por tanto, le señalas que confías en él y eso le enseña a valorarse a sí mismo
  8. Le pides esperar, por ende, entrenas su capacidad de postergar y de tolerar la frustración.

 

Como vez, una breve inversión de tiempo, puede transformar ese momento de solucionar un problema puntual o “mal comportamiento”, en una oportunidad única para formar en tu hijo, capacidades y habilidades que le servirán en el presente y durante toda su vida.

 

Te invitamos a compartir esta experiencia con tus amigas y amigos, y no te olvides de leer nuestros enlaces relacionados!

 

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Llantos, gritos y rabietas: Mi hijo tiene pataletas

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