¿Cuándo acudir al psiquiatra con mi hijo adolescente?

¿Cuándo acudir al psiquiatra con mi hijo adolescente?

adolecencia

“Sabemos que la adolescencia es un periodo complicado, y muchas veces es en este proceso donde surge la depresión, o una psicosis en jóvenes que pueden confundirse con actitudes propias de esta edad. Detectarlos a tiempo mejora el curso de la enfermedad y reduce las dosis necesarias de fármacos”.

La adolescencia es un periodo en el desarrollo biológico, psicológico, sexual y social inmediatamente posterior a la niñez y que comienza con la pubertad. Es un periodo vital entre la pubertad y la edad adulta, su rango de duración varía según las diferentes fuentes y opiniones médicas, científicas y psicológicas, generalmente se enmarca su inicio entre los 10 y 12 años, y su finalización a los 19 o 20.

Cambios emocionales:

Los adolescentes se encuentran ante un dilema, atormentados entre las ganas de volar con sus propias alas y el miedo a soltarse de la mano de sus papás. Que se oponen, que tienen que aguantar el mal humor, pero eso es normal. La adolescencia es un período de malestar, en el que se plantean grandes dudas, contradicciones, tanteos, excesos de todo tipo, que son necesarios en esta etapa que sirve para afirmarse. Ser indulgente (fácil de perdonar), no llevarles la contraria, ayudarles a describir su personalidad, sus valores de adulto, esta es la única manera de vivir esta etapa, entre padres e hijos, de una manera enriquecedora. El camino puede ser más o menos doloroso, rápido, o frenado por tentativas inciertas. Hay que saber escuchar para poder evitar a tiempo depresiones u otros extremos como son fugas, afiliaciones secretas o hasta llegar al peor de los casos: tentativas de suicidio.

Al mismo tiempo que hay que asumir, aunque sea bueno o malo, las transformaciones de su cuerpo, el adolescente descubre que tiene que hacer una cosa más y que es muy importante: hacerse cargo de su vida personal.

El adolescente se da cuenta de que ya no puede seguir así, siendo el niño o la niña que obedece a sus papás. Ya no es un niño, pero tampoco un adulto, y entonces entra en la crisis de identidad, porque no sabe quien es; le hace falta descubrir a cualquier precio cuáles son sus puntos de referencia y para ello pasará por varias etapas como la duda, el rechazo, la provocación, las experiencias, la ansiedad, etc.

Cambios sociales:

El adolescente se descubre “lo social”, a la persona le importa pertenecer a un grupo y compartir ideas o gustos. Aparecen cambios en la capacidad de integración social, en el grupo de iguales se conforman una serie de normas y nuevos valores.

El deseo sexual aparece, de una forma clara, después de la pubertad. La persona se encuentra con la atracción física hacia otra persona, con el deseo de disfrutar de su compañía, con sentimientos, deseos y conductas sexuales que son una novedad. Siente placer sexual consigo mismo y con otras personas. Durante este tiempo se van definiendo la orientación sexual, los gustos y preferencias personales.

 

¿Cuáles son los comportamientos por los cuales debo acudir a un especialista con mi hijo adolescente?

Los padres y los profesores son los primeros en reconocer cuando un niño tiene un problema emocional o de comportamiento. Para los padres el hecho de buscar ayuda psiquiátrica sigue siendo un tabú, por que para muchos quiere decir que su hijo no es normal o no es lo que esperamos ante los ojos de la sociedad. Primero se consulta al medico general y es el que orienta y anima a acudir al especialista en psiquiatría juvenil si es necesario. En general la búsqueda de la ayuda de un especialista en psiquiatria juvenil es un momento difícil y doloroso para muchos padres.

Se tiende a pensar que una adolescencia “normal” debe estar exenta de problemas emocionales o psíquicos, pero esto no es cierto. La adolescencia, como cualquier etapa de la vida, pueden existir enfermedades y alteraciones psiquiátricas. De hecho la adolescencia, son momentos críticos donde la persona es muy vulnerable.

En los adolescentes los signos de alarma son:

  • Bajo rendimiento escolar.
  • Dificultad para enfrentarse a los problemas, situaciones o actividades diarias.
  • Alteraciones en los hábitos de dormir y/o comer.
  • Frecuentes quejas físicas: somatizaciones frecuentes como dolores de cabeza y de barriga
  • Sexualidad muy marcada y no acorde con su edad
  • Estado depresivo manifestado por un estado de ánimo y actitud persistentemente negativo, con frecuencia acompañado de apetito pobre, dificultad en el dormir e ideas relacionadas con la muerte.
  • Abuso de drogas o de alcohol.
  • Miedo intenso a engordar sin tener en cuenta su verdadero peso y realizar conductas al respecto como restringir la ingesta de alimentos o tomar purgantes y laxantes.
  • Pesadillas persistentes.
  • Amenazas o comportamiento agresivo respecto a sí mismo o hacia los otros.
  • Arranques frecuentes de ira y agresión.
  • Amenazas de irse del hogar.
  • Violación persistente de los derechos de otras personas de forma agresiva o no agresiva; reto a la autoridad, ausencia a escuela, robos o vandalismo.
  • Pensamientos, creencias y sentimientos extraños o comportamiento poco usual.

Es por ello que “un criterio juicioso” a la hora de sopesar la posibilidad de que llevemos a nuestro adolescente a un psiquiatra, es que seamos capaces de pasar la “prueba del algodón” sondeando a los profesores, a sus propios compañeros o amigos, directamente a él (ya que en mayor o menor medida nos podrá informar) o, simplemente, observando con detenimiento su comportamiento, sobre todo si percibimos cambios notables, tanto por “exceso” como por “defecto”.

 

 

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