Depresión post parto y cómo salir del hoyo negro

Tu guagua nació. Es perfecta. Sana. Linda.
Tu marido te adora. Te encuentra preciosa. Aún cuando tú te miras al espejo y te consideras gorda, ojeroza y fea. El hombre ha resultado ser un excelente papá: cambia pañales, saca chanchitos y se despierta en la noche para cooperar en lo que sea necesario. Aunque tú seas la que alimenta con el pecho, él se esfuerza en acompañarte y desvelarse contigo a tu lado. Le dices que se duerma, que no es necesario que esté despierto mirando el techo a las tres de la mañana mientras tú, intoxicada de sueño y de cansancio.

De pronto, te conviertes en la envidia de todas tus amigas. Piensan que tienes una vida perfecta. Sin embargo, algo ocurre y no estás disfrutando nada. La verdad sea dicha: lo estás pasando pésimo. Te sientes miserable y no eres capaz de confesarlo. Te da miedo y vergüenza admitir que te quieres morir, que estás devastada. Sin ánimo y completamente deprimida. Sabes que no tienes motivo alguno para quejarte. Sabes que eres una mujer que lo tiene todo y aún así, con tu hijo maravilloso y tu marido que te ama, te sientes succionada en un hoyo negro inmenso y horroroso.

Sientes que la vida te ha superado. Y lo que es más preocupante aún, te sientes completamente incapaz de cuidar a tu guagua.

Llevas tres meses de mamá y no das más.

Depresión post partoLo único que quieres es llorar. Desgarrarte llorando. Sola. Pero ni siquiera eso puedes hacer porque tu guagua te consume el tiempo completo y cuando quieres soltar una lágrima, tu hijo lo hace primero y partiste corriendo desorientada, a tratar de calmarlo.

Pensabas, al principio, que esta pena se te iba a pasar. Que era cuestión de días y de hormonas revoltosas que tenían que volver a su normalidad después del parto.

Pero la pena no pasa. La pena aumenta y crece como una bola de nieve descontrolada que va montaña abajo arrasando con todo lo que encuentra a su paso.

Te sientes morir y ya no lo puedes disimular más. Entonces la gente que te rodea, tu círculo más cercano, tus mejores amigas, tu familia inmediata, comienza a darse cuenta que estás mal y nadie entiende cómo puedes estar tan triste si tienes una guagua preciosa, perfecta, sana. Un marido que te adora y apoya. Te lo dicen en tu cara. Te dicen que subas el ánimo, que no te quejes.

Incluso, alguien te dijo que no fueras mal agradecida con la vida porque te podía castigar. ¿Castigar?

Sí. Eso te dijeron. Castigar por llorar, por no apreciar lo que tienes. Castigar por sentirte mal y no estar saltando de alegría ya que eres una mujer privilegiada. ¿Sabes cuántas mujeres hay que quieren quedar embarazadas y no pueden? Te dice tu suegra cuando te sorprende llorando en el baño.

Sin embargo, y pese a todo lo que te dicen, tú no puedes más con tu propia realidad.

Comienzas a sentirte culpable, rara. Y por sobre todo, incomprendida. Porque amas a tu hijo recién nacido. Pero la angustia te supera y no puedes controlarla.

Estás irritable, no toleras ni a tu marido. Lo único que quisieras es meterte a tu cama, taparte la cabeza con una frazada y dormir.

Tienes depresión post parto. Y no eres la única. Entre un diez y un quince por ciento de las mujeres sufre de este enfermedad.

Consulta a tu doctor. Busca ayuda inmediata. No esperes más. Hoy en día, los medicamentos que se recetan para la depresión post parto no interfieren con la lactancia materna. Son completamente compatibles. Esta es la mayor preocupación de una madre que está dando pecho tiene. ¿Cómo voy a tomar remedios si estoy dando de mamar?

Si se puede. Se puede y es necesario. Por ti, por tu familia y, por sobre todo, por tu guagua. Ella te necesita más que a nadie en el mundo y te necesita emocionalmente bien.

 

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