La Obligatoria Renuncia a los Derechos…

Escrito por el julio 7, 2010 para Blog, Columnas, Portada - (1 vista.)

Desde hace un tiempo que nosotros, los adultos, nos creemos con el derecho a “cortar” las relaciones de familia de nuestros hijos por desavenencias propias… no existiendo en nosotros la conciencia de que los niños no son extensión de los dolores y emociones que podamos sentir, por lo cual si bien para nosotros es difícil, medianamente difícil o imposible seguir adelante con ese otro, para nuestros hijos es un derecho mantener los vínculos que los unen a la familia, a esa “otra” parte de su familia.

Este tema de mantención y respeto de roles cuando los padres se separan (hecho cada vez más recurrente ya que las relaciones de pareja hoy por hoy parecieran ser desechables) es mal entendida como “voluntaria” de quien mantiene el cuidado personal de los pequeños, mayoritariamente ejercido por las mujeres, dado que por norma legal (artículo 225 Código Civil) cuando los padres se separan, es la madre quien mantiene el cuidado personal de los hijos menores de edad, entendiendo aquello porque las primeras necesidades como la alimentación y cuidados primarios por regla general vienen dadas por nosotras; sin ser menos cierto que existen padres que asumen con igual o aún mayor hidalguía esta función.

Ese cambio en nuestra sociedad de hacer “desechables” las relaciones de familia unido a las “inhabilidades modernas” en la que incurren indistintamente tanto padres como madres, entiéndase maltrato, negligencia, adicciones, violencia intrafamiliar, etc. es la que ha puesto en boga el llegar a “pelearse” a los hijos como verdaderos trofeos de guerra para hacerlos parte de una única familia, sea materna o paterna, como si aquello fuera una elección restrictiva.
A diario me toca ver esta situación en Tribunales de Familia y es sobrecogedor ver a un niño/a con carita de desconcierto porque no entiende qué es lo malo de querer a ese “otro”, por qué recibe regaños por abrazar a ese otro, porque debe enfrentarse a ese otro que ama también; y si existiera en esos padres y madres la valentía de explicárselos, lo único cierto es que la razón de todo es visceral, a nosotros nos provoca dolor que ese otro esté.

Por fortuna, hoy la judicatura de familia tiene una herramienta legal que libera a los niños de exponerse frente a esos dos seres que ama profundamente, pero que no puede tener en forma conjunta. La audiencia reservada de la cual participan esos pequeños, permite que puedan establecer a solas y sin presión la real situación emocional que les generan sus padres; y créanme que siempre deja de manifiesto que los niños resienten la pérdida de ese otro que también es parte de su vida y por qué no, de esa otra parte de su familia paterno o materna que lo rodea, comenzando allí un demoledor proceso de culpabilidad y abandono.
Y no, no es resorte de nuestro querer el que tu hijo/a mantenga vínculo afectivo con TODA su familia, es un derecho irrenunciable que debemos respetar pese a creernos indispensables y los únicos llamados a criar y amar…pensemos más generosamente que puede necesitar también de ese otro con quien yo como pareja no puedo estar, pero que mantiene un lazo de sangre, amor y necesidad que no nos corresponde romper. Por lo demás, hoy estamos, mañana no sabemos…

Pía Niño Salinas
Abogado
Derechos de Infancia

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