El primer día de clases

El primer día de clases

No existe algo así como un comienzo totalmente estupendo en ningún área de nuestra vida, básicamente porque todo comienzo implica el término de otra cosa, por una parte, e implica acercarse a experiencias, situaciones o personas nuevas, por otra. Esos aspectos de los comienzos siempre incomodan.

Para un niño puede ser angustiante un primer día de clases, porque aquel día representa lo que ha de perder (pasar más tiempo con su familia, levantarse tarde, jugar todo el día, etc.). Dicho de otra forma, es perder la familiaridad.

Los malestares que involucran angustia requieren de tranquilización. Los padres deben, primero que nada, tolerar la existencia de estas angustias (es decir, no aplacarlas inmediatamente, o no desacreditarlas).

Además de escuchar y recibir, es aliviador para quien empieza algo nuevo recibir una señal de confianza de parte de sus referentes.

Tal como los padres preparan para la vida en distintos niveles, también estarán atentos a preparar para el primer día de clases: preparar en términos de cuidar los horarios en que el menor se acuesta o se levanta, o preparar recordando un par de veces en la semana previa que viene un día importante, o dando aliento y transmitiendo que todo va a ir bien, o que el niño hará nuevos amigos. Estas preparaciones ayudan a contener y manejar las angustias que genera el primer día de clases. Lo contrario a esto sería hacer como que es un día más, o que da lo mismo, lo que genera muchísima más angustia cuando llega el momento definitivo.

En el caso de un niño que va por primera vez al colegio o jardín, la situación se tiñe de más angustia, porque además involucra la de los mismos padres, que se separan de forma importante de su hijo por primera vez. Para un niño en esta situación, puede ser muy difícil pasar varias horas del día en un lugar que antes no conocían en absoluto. Una buena actitud en general es ‘familiarizar’. Si es posible, pasar por el barrio del colegio algunos días antes, o que el menor participe en algún grado en la compra de su uniforme o útiles escolares, o acompañarlo a recorrer el colegio en ese mismo primer día, por ejemplo.

Con niños más grandes, las angustias suelen centrarse en la socialización. Puede ser útil que los padres estén atentos al resumen que hace el menor sobre su primer día, con qué ánimo lo relata, o ver si incluye a compañeros en su relato, por ejemplo.

De todas formas, es necesario tener en cuenta que en el primer día de clases no se sentencia nada, y esta es una verdad que necesitan asimilar tanto niños como padres.

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