El ser madre

El ser madre

ser mamáSin duda el tener un hijo marca en nuestras vidas un antes y después  que es irreversible. Podemos dejar de ser pareja, amiga, trabajadora pero no podemos retroceder y dejar de ser madres. El no ser mamá ya no existe. Tomamos la decisión de traer un hijo al mundo y tenemos que hacernos responsable de eso con todo lo que eso conlleva. La maternidad no es ni todo blanco, ni todo negro, no es ni todo bueno, ni todo malo. Tienes muchísimos matices que muchas veces nos confunden y nos perturban llevándonos a cuestionarnos si somos buenas madres.

Si revisamos nuestra historia, hemos sidoeducadas desde pequeñas para ser madres; jugamos con muñecas, las cuidamos, las alimentamos, las sacamos a pasear en coche. Desde ese momento ya estamos mentalizadas que algún día nos casaremos con nuestro príncipe azul, que viviremos en un palacio, con hijos maravillosos y que seremos felices para siempre. Partiendo de eso, ¿cómo es posible que no choquemos con lo que es la realidad? Que quizás nos costará mucho encontrar a nuestro príncipe azul, que quizás tengamos un hijo sola, que tengamos que trabajar el día entero para poder sustentar la familia, que le exijamos lo inexigible a nuestro cuerpo con tal de atender a nuestros hijos y ser madres perfectas. La maternidad nos remueve por completo porque nos hace cuestionarnos día a día.  ¿Lo estaremos haciendo bien, lo estaremos haciendo mal? ¿Estaré el suficiente tiempo con mis hijos? ¿Será un niño feliz? Esas son algunas de las preguntas que surgen en nosotras y nos hacen dudar de nosotras mismas.

Pero pongamos las cosas en su lugar: hemos sido capaz de llevar vida en nuestro vientre por 9 meses, de ver cambiar nuestro cuerpo, de parir a nuestros hijos, de alimentarlos y a pesar de todo eso ¡estamos vivas!

La maternidad es un acto de vida, de valentía. De traer al mundo un ser completamente dependiente de uno que amaremos de manera incondicional. Es maravilloso y al mismo tiempo genera temor. Adoramos a nuestros hijos y muchas veces extrañamos nuestra libertad. Pero es parte de lo mismo. Para que haya equilibrio tienen que haber fuerzas opuestas. Tenemos que aprender a ser mamás a nuestra manera, derribando mitos culturales, y muchas veces nuestra propia historia y el modelo de madre que nosotras tuvimos.

La maternidad como todo en la vida es un aprendizaje diario de ensayo y error. El pilar fundamental debe estar basado en el amor y la empatía. Amar a los hijos pero pensando en lo que es mejor para ellos y no para uno. Para eso tenemos que sacarnos de encima paradigmas que han venido rigiendo desde hace miles de años. ¿Quién dijo que para ser buena madre había que estar en casa siempre con sus hijos? ¿Quién dijo que una madre que decide no amamantar no es buena madre? ¿O no es capaz de generar apego con sus hijos?

Los tiempos han cambiado, la mujer se ha “masculinizado” en el buen sentido de la palabra, ha salido de la casa, trabaja, tiene poder adquisitivo, maneja su vida por lo que debe desempeñar múltiples tareas y roles a la vez. Tenemos que dejar de pensar que somos absolutamente indispensables en la vida de nuestros hijos. Es fundamental para su desarrollo que aprendan a manejar la  tolerancia a la frustración y la ansiedad de separación. Lo importante es que estemos presentes cuando nos necesitan y que compartamos con ello tiempo de calidad. Para ser buenas mamás, primero tenemos que estar bien con nosotras mismas y sentir que seguimos existiendo en otros ámbitos paralelos a la maternidad.

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