Escuelas de Verano: Una oportunidad para prevenir el surgimiento del Trabajo Infantil

Escuelas de Verano: Una oportunidad para prevenir el surgimiento del Trabajo Infantil

En verano cuando la mayoría de las familias se sintoniza con vacaciones y descanso, muchos niños, niñas y adolescentes viven periodos intensos de trabajo. El trabajo Infantil es una realidad en Chile y el mundo. De acuerdo a las cifras arrojadas por la Encuesta Nacional sobre Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes (EANNA, 2012), hay 229.000 niños, niñas y adolescentes trabajadores en Chile, quienes mayoritariamente son niños, tienen mayor presencia en territorios urbanos, con mayor presencia en la macro zona sur del país, trabajando en promedio 16 horas semanales.

Por lo tanto, su erradicación se vuelve un importante  horizonte a alcanzar, tarea en que los espacios escolares parecen tener un rol clave. Según Intervida (2008) la principal causa del Trabajo Infantil es la pobreza, ya que los niños “se ven empujados a trabajar por una situación de necesidad y falta de alternativas, cuando no es una obligatoriedad” (2008), sin embargo, el trabajo infantil  lejos de terminar con la pobreza, solo la perpetua.

Existe una significativa relación entre trabajo infantil y educación, correspondiendo a un factor protector para los niños y niñas, especialmente cuando ésta es de calidad y apunta a un enfoque garante de derechos de la infancia. De acuerdo a lo que plantea la Organización Internacional del Trabajo (OIT), “la educación contribuye a crear un entorno protector para todos los niños y es el mecanismo adecuado para ampliar las posibilidades, lo cual es central en la definición de desarrollo” (2006). Es decir, que un niño/a que asiste regularmente a la escuela se encuentra más protegido de las consecuencias adversas del trabajo infantil, y/o de otras vulneraciones de derechos asociadas a este fenómeno, pues “la escolarización impone límites de horario de trabajo, así como a su naturaleza y a las condiciones de trabajo” (OIT, 2006). De esta forma, la escuela se erige como un  espacio que debe ser potenciado para prevenir y erradicar el trabajo infantil, no solamente en el período lectivo, sino que se deben extender las posibilidades para que los niños/as se beneficien de ella durante todo el año. Esto quiere decir, que además de ser un espacio de formación formal, debe ser un espacio que propenda al desarrollo integral de los niños y niñas,  a través del fomento al juego y la creatividad de manera permanente, asumiendo la tarea de proteger, garantizar derechos y posibilidades para todos los niños/as, inclusive para aquellos que trabajan.

Bajo este escenario, vale la pena preguntarse, qué hacer durante los períodos de vacaciones, instancia destinada para el descanso y recreación de los niños/as, que lamentablemente, se vuelve una oportunidad para que muchos niños, niñas y adolescentes trabajen. Ejemplos claros de esta situación, se pueden observar en sectores turísticos de nuestro país, movilizando a niños/as y familias en tareas de servicios y comercios por nombrar algunas. Según la Organización  Finteramericana (2009), “devastadores y permanentes son los efectos que deja la ausencia de tiempo para jugar y descansar, así como el distanciamiento del niño con su familia, especialmente en esta etapa de la niñez, lo que puede tener repercusiones negativas sobre (su) desarrollo”. Frente a este contexto, es necesario buscar estrategias innovadoras y eficientes que permitan  resguardar  el derecho al descanso, el juego, además del derecho a ser protegido del trabajo infantil, durante las vacaciones.

De acuerdo a lo que plantea la OIT en relación a la lucha contra el Trabajo Infantil y  al rol de los establecimientos educacionales en esta materia, “las escuelas atraerán a los niños y tendrán el apoyo de los padres y de la comunidad si corresponden al concepto de escuela <<amiga>> de los niños” (2006).  Esto es, pensar  una escuela inclusiva, que sea capaz de convocar a los niños/as y a sus familias, con sus particularidades y necesidades diferenciadas, no sólo en el período lectivo, sino que también durante las vacaciones .Una de las estrategias que ofrece una alternativa para el uso del tiempo libre de los niños/as son las escuelas de verano, iniciativas presente en varias de las comunas del país, especialmente aquellas en que los niños/as están expuestos a contextos más vulnerables. Estas consisten en mantener las escuelas abiertas para que los niños/as puedan asistir y participar de diversas actividades deportivas y recreativas, a cargo de monitores, apuntando a estimular a los niños y niñas, conformándose en espacios alternativos al uso del tiempo libre de los niños, además de entorno protegidos para sus vacaciones.  

En este sentido, si se considera que los niños/as “necesitan un entorno psicológico y social que propicie y facilite la socialización en su ámbito cultural y (que) les permita ocupar un lugar digno y respetable dentro de la sociedad mundial” (Amar & Ladarriaga), las escuelas de verano son el espacio favorable para que ellos puedan compartir experiencias con sus pares y otros adultos que posibiliten  su desarrollo. El Comité de los Derechos del  Niño  de las Naciones Unidas (2013) afirma que “el juego y la recreación son esenciales para la salud y el bienestar del niños y promueven el desarrollo de la creatividad, la imaginación y la confianza en sí mismo y en la propia capacidad, así como al fuerza, las aptitudes físicas, sociales, cognitivas y emocionales. El juego y la recreación contribuyen a todos los aspectos del aprendizaje; son una forma de participar en la vida cotidiana y tiene un valor intrínseco para los niños, por el disfrute y pacer que causan”.

Es así que las escuelas de verano se erigen como espacios relevantes para estimular el desarrollo de los niños y niñas, explotando las potencialidades de éstos a través  las actividades recreativas, de la socialización y posibilidades de juego que ofrecen, conformando en paralelo un espacio para promover y proteger sus derechos y por añadidura prevenir la emergencia del Trabajo Infantil.

 

Natalia Castro Guerrero

Profesional de Escuela, Región Metropolitana

Programa de Erradicación del Trabajo Infantil CODENI

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