Estrés post traumático: Cómo ayudar a nuestros hijos

Estrés post traumático: Cómo ayudar a nuestros hijos

 

De pronto, para nuestros niños, ese mundo tan seguro que los rodeaba desaparece y descubren, por vez primera, la vulnerabilidad, no sólo de su entorno, sino también de sus propios padres. Se enfrentan a la repentina idea de la pérdida, ya sea de sus cosas, su hogar y, la peor de todas, la de un ser querido. ¿Qué hacer entonces? ¿Cómo evitarles tanto sufrimiento y temor?

Lo primero que hay que tener claro es que no todo se puede evitar y menos controlar. Lo primero que deben hacer los padres para poder ayudar a sus hijos tras las consecuencias del terremoto es evitar culparse a sí mismos por los daños que han ocurrido, calmarse y mostrarse seguros ante los pequeños.

PTSD2La psicóloga Carolina Puyol W., explica que “hay que recordar que hay cosas que no podemos evitar, sin embargo cuando aquellas suceden podemos trabajar en pos de contener y reparar los daños. Nadie puede evitar que sus hijos sean dañados de alguna manera en algún momento de sus vidas, y de ser así tampoco sería sano, ya que es por medio de los fracasos dificultades, que los seres humanos aprendemos y ponemos a prueba nuestras habilidades”.

Y agrega que ante un evento traumático el adulto debe “mantener la calma y entregar una sensación de calma y seguridad de las conductas de protección que se están realizando. Es muy importante que intenten, dentro de lo posible, mantenerse juntos y puedan brindarse mutuamente contención y apoyo.”

Por su parte, el psicólogo Francisco Kamann C. resalta que “los padres deben en lo posible mostrar calma y seguridad. Esto deben hacerlo con su actitud, no bastan las palabras, los niños captan lo que sus padres o cuidadores están sintiendo (…) El niño necesita sentir que el adulto que lo cuida no está temeroso e inseguro, porque entonces cómo lo va a proteger”.

¿Cómo ayudar a nuestros pequeños?

La psicóloga Carolina Puyol explica que “es trascendental que los adultos expliquen lo sucedido en su justa medida, esto es, explicándoles a partir de su nivel de desarrollo mental y emocional”.

Ahora bien, no todos los niños reaccionan de la misma manera y la forma de enfrentar el trauma va a depender mucho de su edad y madurez.

Hasta los dos años los niños no son capaces de explicar sus emociones y ante un evento traumático se tornan más irritables, tienen problemas para dormir y lloran más de lo común. Ante esto los padres deben abrazar al niño y entregarle mimos cuantas veces sea necesario hasta que su estado de ánimo se vaya normalizando poco a poco.

Los niños que se encuentran en edad pre-escolar y en jardines infantiles viven los desastres con gran temor y angustia. Al ver su seguridad amenazada se sienten solos y vulnerables. A esta edad aún creen que todo puede ser reversible y no comprenden las perdidas permanentes, especialmente cuando se trata de la muerte de un ser querido. Para ayudarlos es necesario darles explicaciones concretas y sencillas de los que está ocurriendo. Por ningún motivo se deben dar falsas esperanzas.

Los padres deben recordarle que jamás serán abandonados y que ellos están ahí para cuidarlo y amarlos.

Los niños entre los 7 y 11 años ya han alcanzado la madurez suficiente como para comprender lo que está ocurriendo a su alrededor. Desean hablar más sobre el evento traumático, al mismo tiempo que se muestran más inquietos y realizan más preguntas. Comprenden lo que significa una pérdida permanente y experimentan sentimientos más complejos como rabia, culpa, y enojo. Incluso pueden regresar a etapas anteriores a su edad, como volver a chuparse el dedo o no querer dormir con la luz apagada.

Consecuencias de un evento traumático

Hay que tener claro que todo evento traumático tendrá consecuencias. Síntomas como miedo a dormir en la oscuridad, regresar a la escuela o hablar de lo ocurrido son normales. Sin embargo, existen maneras de saber cuándo se necesita la ayuda de un profesional.

Según el psicólogo Francisco Kamann C., se debe recurrir a ayuda profesional “cuando el niño muestra cambios muy notorios en su conducta habitual y los padres no saben qué pasa y no pueden manejarlo. También si en el niño aparece un importante apagamiento en su ánimo y se le observa muy desganado”

Alternativas gratuitas de tratamiento

La psicóloga Carolina Puyol W., señala que existen alternativas gratuitas para conseguir ayuda: “(…)actualmente, existen diversas alternativas de ayuda gratuita como por medio de www.psicologosvoluntarios. cl y Chile Unido, donde se ofrecen maneras de ayuda tanto presenciales como por medio de Call Centers”.

Los padres deben darles espacio a los niños para que expresen sus emociones. No los deben forzar a hablar sobre el evento traumático. Si el niño parece muy retraído es bueno juntarse en familia y hablar de lo que cada uno siente. Cuando el niño ve que sus padres también tienen sentimientos de pena, sentirá que estas emociones son normales y que está bien expresarlas y llorar si así lo desean.

Los adolescentes entre los 12 y 18 años comprenden en su totalidad los eventos que ocurren. Les gusta ser informados, demostrar que tienen experiencia y que son capaces de afrontar lo que está ocurriendo.

Encuentran muy difícil hablar con sus padres sobre lo que les ocurre y buscan compartir sus emociones con sus pares. De esta manera los amigos resultan vitales para el adolescente, especialmente si ha pasado por la misma experiencia. En el caso de los padres, estos deben evitar tratarlos como niños vulnerables, compartir información con ellos y dejarles claro que están ahí para cuando ellos los necesiten, tanto por medio de las palabras como de las acciones.

A esta edad es bueno que los padres compartan información de qué hacer en caso de una emergencia o asignarles pequeñas tareas que ayude a la comunidad, ya sea ordenando, recogiendo escombros, reconstruyendo etc. De esta manera el adolescente sentirá que la catástrofe a pasado y que él es parte de la solución, lo que le permite enfrentar las emociones de tristeza y perdida, desde un prisma positivo.

Actuemos con serenidad ante los niños

Miedo, angustia, irritabilidad, pesadillas y problemas al dormir son algunas de las consecuencias que presentan los niños y niñas por estos días, después del terremoto y sus réplicas.

Las mamás y papás somos los llamados a entregar paz, tranquilidad y apoyo, por lo que nuestro accionar será fundamental en el cómo el pequeño (a) vivirá la experiencia de un temblor mayor.

• Mantén la calma: tu hijo(a) se sentirá como a ti te vea.

• No grites, llores, ni arranques. Protege a tu hijo(a) pero con control.

• Pregúntale qué sabe y escucha con paciencia lo que tenga que decir. Si no desea hablar, déjalo.

• No les digas que no volverá a temblar y dales una explicación real y simple, del tipo “la tierra a veces se mueve produciendo algunos daños. Esto es algo que sucede en Chile, pero pasa sólo cada varios años”.

• Los niños(as) pequeños necesitan hablar poco, en corto tiempo, pero más frecuentemente de lo que ha sucedido. Diles que sus preguntas y opiniones son importantes.

• Ayúdalos/las a expresarse. A los más pequeños invítalos a dibujar o hacer un relato de lo que vivieron.

• Evita que vean televisión y escuchen las noticias de la radio y trata de ser tú la fuente d información de tus hijos(as) o de mediar la información que escuchan o ven de otras fuentes.

• Da consuelo efectivo. Pase más tiempo con ellos(as), abrázalos, bésalos y juega más tiempo con ellos(as).

• Ayúdalos a retomar sus actividades de juego, dibujar, pintar, hacer actividad física o ir a la plaza.

• Súmalos en el esfuerzo de ayudar a otros, las campañas solidarias les permite saber que hay
muchas personas ayudando a quienes se han visto mayormente afectados.

Fuentes: Unicef, Chile Crece Contigo, Red de Planificación Social, Gobierno de Chile.

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