
El pasado sábado 10 de octubre, los chilenos debieron adelantar una hora sus relojes, pasando al horario de verano. Esto significó, en “teoría”, una hora menos de sueño, lo que para el organismo humano adulto puede ser fácil de resolver, mas no para los niños.
Al adecuar los relojes a este horario estacional, el cuerpo humano puede percibir mayor luz solar, lo que a la larga beneficiaría el estado anímico de las personas. Sin embargo, este cambio de hora significa para los niños un brusco cambio en sus actividades rutinarias, ya sea comer y dormir, lo que afectaría su ritmo biológico.
“Para los niños, sobre todo entre 0 y 3 años, el cambio de una hora es demasiado brusco y afecta su ritmo biológico”, dijo la educadora parvularia Nieves Beauchemin, agregando que los niños no tienen la “noción de tiempo representacional”, lo que significa que los pequeños dependen en gran medida de los eventos ambientales.
Uno de los principales problemas con el cambio de horario es el relativo al sueño. Tener una hora menos de sueño pone incómodo a cualquiera, pero en el caso de los niños puede ser más complejo, ya que los niños al dormir menos se irritan más fácilmente y poseen menor capacidad de concentración en sus actividades diarias, lo que para el neurólogo infantil del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, Dr. Yuri Dragnic, son “fenómenos asociados a la somnolencia diurna“.
Además del problema del sueño, el régimen alimenticio también es un punto que se ve afectado por el cambio horario. A partir del primer día del horario de verano, es normal que los niños anden con hambre debido a que ahora comen en “teoría” una hora después, y en las familias la adaptabilidad a la hora nueva rige para todos.
Consejos para combatir los trastornos del cambio horario
Hay que ver el panorama con tranquilidad. Pese a que los efectos suelen ser más leves en adultos que en los niños, el Dr. Dragnic comenta que la adaptación al nuevo horario en los niños demora dos a tres días. Con el tiempo, ellos podrán acostumbrarse tal y como los adultos, quienes demoran uno o dos días en ponerse al corriente con el nuevo horario.
Una forma de combatir los trastornos del cambio horario sería adelantar las rutinas vespertinas en 15 a 20 minutos, incluyendo la alimentación y el dormir, y lo ideal es hacerlo con tres de antelación al día que ocurre el cambio de hora.
Otra recomendación es evitar que esos días los niños hagan actividades que fomenten su estado de vigilia, esto es, hacer que lo niños no hagan cosas que los mantengan despiertos por tiempos prolongados. Por ende, la televisión y la actividad física antes de dormir habría que reemplazarla por juegos más calmados, dibujar o leer cuentos antes del sueño.
Lo principal es que los adultos intenten flexibilizar los horarios en los niños y no meterlos de lleno en la nueva hora para que resistan mejor el cambio de hábito, por lo menos en los primeros días. De esta manera, los niños tendrán una mejor transición y se adecuarán sin mayores problemas.
Fuente: Emol
Foto: @vladimir prieto

















Sin Comentario on ""Mi hijo no puede tolerar el cambio de horario""
Hay cosas en este país que no entiendo.
Son muchos los niños afectados por el cambio de horario, más los bebés y preescolares, que no se acostumbran al nuevo ritmo y con ello el cansancio extremo en sus actividades.
Muchos piensan que el cambiar el horario es productivo para el pais, pues se aprovechan las horas luz. Pero quién piensa en los niños, hoy mi hija de dos años esta irritable, tiene el sueño cambiado y con ello sus habitos y rutinas diarias.