Hijos y pareja: el difícil acuerdo de crianza

Hijos y pareja: el difícil acuerdo de crianza

Pelea por Hijos¿Creyeron que las había olvidado? Por ningún motivo. La playa, el calor y el compartir con mi familia limitaron mi cercanía al computador pero, no por eso, dejé de pensar en experiencias y pensamientos que compartir con ustedes; y no bastó dar muchas vueltas para saber la próxima temática a tratar.

Un día, a eso de la 1 pm, dando un paseo por la playa antes de subir a casa a almorzar, me encontré con Seba caminando feliz hacia mí, disfrutando de un avasallador chuchuflí relleno de manjar. ¡Demos gracias al cielo que pude disimular mi cara de espanto!, y preguntar de forma calmada y serena, “¿quién había sido el irresponsable que llenaba de manjar y azúcar a mi pequeño?” (tan sólo minutos antes de su almuerzo) – “Mi papi po’ mamá, ¿quién más?”.

Sentí como si mi mente y cuerpo viajaran en un segundo a aquella terrible crisis matrimonial de hace un par de años. La llegada de Sebastián hizo que nuestra aventurera y apasionada vida de pareja diera un rumbo de 180 grados, y aquellos problemas de los cuales antes nos reíamos, ahora eran comunes en los distintos escenarios de nuestras vidas.

Situaciones como las de “yo me he levantado esta semana 5 veces a cambiarle el pañal y tú 4” (por lo trivial que parezca, créanme, ¡sucede!); o desacuerdos en el momento en que decidimos quitarle el chupete (para mí, siempre fue lo más pronto posible; para él “era un arma increíble de control de llantos”), eran diferencias de opinión que dejaban nuestra casa en una atmosfera aún más tensa que la de la propia Guerra Fría.

Y no es para menos. Una cosa es construir una relación que tiene como objeto el amor entre dos personas, y otra muy distinta es juntos acordar como será la crianza de otro ser. ¡Hasta las parejas más enamoradas y compenetradas merman su preciada relación en variadas ocasiones con la llegada de un hijo!

¿Te sientes así? Calma, la alarma no debe ser tan intensa. Es una situación normal y, efectivamente, te dará más de algún dolor de cabeza. Sin embargo, podría asegurarles que el 98,9% logra salir airoso de esta crisis marital. ¿Cómo? Aplicando una palabra que deberían tener estampadas en el decomural de sus habitaciones “escuchándose”.

el blog de catalinaLa gran diferencia entre aquellas relaciones duraderas, y las que tambalean hasta chocar fuertemente contra el suelo (según lo leí por ahí en algún artículo de psicología) es el grado de profundidad existente en la comunicación. Es  evidente que, con el tiempo, y más aún con la llegada de un hijo, ésta se debilita, por lo tanto es es ahí donde se debe trabajar. Pero con calma, es tan normal en todo tipo de relaciones tratar de aceptar al otro, con todos sus defectos, y seguir buscando un punto de acuerdo entre los 2, ¡pero se puede!

Si bien es cierto, demostrar tu punto de vista frente a un hecho o situación y expresarlo, es importante, también lo es escuchar lo que el otro tiene que decir al respecto. Es más normal de lo que creen encontrarse con discusiones en las que, mientras la otra persona habla, sólo se está pensando en que responder y no en lo que realmente está diciendo.

Luego de un periodo intenso de peleas y desacuerdos con Rodri, sobre todo en cuanto a decisiones relacionadas con el Seba, entendimos que más que pelear por nuestras posturas, lo que debíamos conseguir era conciliarlas: un poco de lo tuyo y un poco de lo mío; ceder parte de lo que yo creo, y aceptar un poco de lo que no, es parte del trabajo que, día a día, se debe hacer para construir una relación sólida y alejada de los bombardeos de aviso de guerra.

 

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