La importancia de la identificación

La importancia de la identificación

Todos los eventos importantes de nuestras vidas siguen con nosotros, aunque haya pasado mucho tiempo. Estos hitos pueden acompañarnos y hacernos sentir que todo tiene un sentido y que la vida vale la pena vivirla; o perseguirnos, lo que implica que tendremos que luchar contra esas marcas. Nada se pierde en el desarrollo psíquico.

El primer gran hito de todo ser humano es el nacimiento. Haber nacido puede implicar ser muy deseado y esperado, o ser rechazado. El aprender a caminar, dejar de usar pañales, ir al jardín infantil, al colegio, etc, son todos éstos grandes hitos, pues nos conectan paulatinamente con la independencia y el crecimiento.

En nuestra vida como adultos revivimos aquellos primeros hitos permanentemente. Buscamos inconscientemente el rechazo o no nos sentiremos merecedores de crecer si no sentimos el orgullo, de parte de nuestros padres, de estar creciendo; o buscaremos una buena pareja si sentimos el derecho a ser queridos. Constantemente revivimos el pasado en el presente; una parte nuestra será esclavo de esas experiencias, mientras otra tendrá el destino en sus manos.

Los padres pueden hacer la diferencia, en la medida que proporcionen un ambiente (familiar, escolar), donde el infante se sienta querido, protegido y respetado. Este es un aspecto básico pero al mismo tiempo esencial para el buen desarrollo emocional del bebé.

 Sin embargo, otro elemento que hace la diferencia, es la preocupación de los padres no ya de las necesidades básicas de ese hijo, sino de las propias, como personas individuales, como pareja y padres. La premisa de este enunciado es que lo que le proporcionan los padres al niño es, además de condiciones ambientales, un modelo identificatorio.

 Los padres pueden llegar a ser los adultos que ese niño desea llegar a ser. Este deseo, la mayor parte del tiempo insconsciente, vive en todos los seres humanos. Necesitamos llevar ‘dentro’ algo que nos otorgaron los que nos cuidaron. Aquí entramos en el terreno de la paradoja: la identificación es una defensa contra el dolor psíquico, pues en la medida que nos identificamos, no recordamos (lo que nos marcó, lo que ya no está, etc.). Identificarnos con la forma de ser de nuestros padres no es una decisión, sino algo que ocurre en la medida que crecemos.

 En este sentido, lo que los padres entregan a sus hijos es un cierto marco, una forma de relacionarse con el mundo, en el que sus hijos se moverán, y que eventualmente podrían sobrepasar, si los hijos son conscientes de esta estructura invisible. Esta particular herencia tiene una gran importancia: en la medida que un padre o madre se desarrolla como persona, no sólo mirando las necesidades de los hijos y la familia, sino también las propias, entrega también un mensaje de cariño, protección y respeto.

Es muy complejo psicológicamente para un hijo tener un padre o madre “que se desvivió” por él o ella. Los padres que constantemente postergaron su vida y su desarrollo, entregan (consciente o inconscientemente) el mensaje a los hijos de que ellos son responsables de un perjuicio. La identificación posterior del hijo implicará, por ejemplo, el sentimiento de no tener derecho a disfrutar del desarrollo, como una especie de condena que se entrega en base a la preocupación.

El buen querer también implica la capacidad de fallar, de no ser todo para el otro, especialmente cuando ese otro no necesita de aquello. Ya más grandes, los hijos llevaran dentro la imagen de un padre o madre con virtudes y defectos, que falló muchas veces. Es esa imagen la que nos permite querer ser mejores personas y ser más que quienes nos antecedieron. 

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