Limites: Niños y padres más felices

por Daniella Rossi
psicóloga clínica (M.A.)

Los niños de hoy no son ni la sombra de lo que fuimos nosotros ni nuestros padres. Los tiempos han cambiado, los niños son más independientes y en general tienen menos límites. Muchos de nosotros no sabemos poner límites sanos, ser figuras de autoridad en una forma democrática.

Algunas estrategias para crear un ambiente en el cual los niños puedan desarrollarse en paz y en cual los adultos no pierdan la cabeza:

Ser específico: Frases como “pórtate bien” o “no hagas un desastre” no le dicen nada a los niños porque es demasiado general. Los peques entenderán mejor lo que se espera de ellos si les hablamos en términos concretos como “no corras en el supermercado”, “no grites porque despertaras a la gente” o “dame la mano para cruzar la calle”.

Ofrecer opciones: Darle a los niños opciones limitadas sobre algo que les has pedido es una buena forma de de darles una sensación de control que reduce la resistencia a la directiva. “Es hora del baño, ¿te quieres duchar o bañar en tina?”, “¿quieres elegir tú la ropa o te la elijo yo?” o “¿quieres ordenar tu pieza ahora o después de comer?”.

Ser firme: Establecer límites firmes cuando es necesario que los niños actúen de una forma de forma inmediata como “deja de pegarle a tu hermano en este instante” o “¡termina!, los juguetes no son para tirarlos”. Los límites menos firmes, como “me gustaría que ordenaras tus juguetes” son apropiados para otras situaciones más flexibles.

Recalcar lo positivo: Decirles “habla más bajo” en vez de “no grites” tiene una connotación menos autoritaria y más democrática.

Mantener las reglas objetivas: Cuando le dices a tu hijo “quiero que te vayas a acostar” puedes estar creando una batalla de poder. Sin embargo, un “son las 8, es tu hora de dormir” establece la norma de una forma más impersonal, y el niño tendrá un conflicto con el reloj, no tú.

Explicar el por qué de los límites y reglas: Cuando los niños entienden porque les ponemos ciertos límites, como, “no cruces la calle solo porque te pueden atropellar”, es más probable que obedezcan. Explicarles las reglas de forma simple y concisa es la mejor forma.

Sugerir una alternativa: Cuando establezcas una restricción, ofrece una alternativa. De esta forma el niño se sentirá menos privado y sonarás menos negativa. “El lápiz labial es para los labios, no para jugar. Toma, aquí hay lápices y papel”, esto le ensena que sus sentimientos y deseos con aceptables, pero que hay formas más apropiadas de expresarse.

Ser consistente: Una rutina flexible invita a la resistencia. Ciertas reglas deben mantenerse en efecto todos los días. La hora de dormir los días de semana es a las 9:00, no las 9:10.

Desaprueba la conducta, no al niño: Que el o la niñ@ entienda que el rechazo es hacia el comportamiento y no hacia él o ella. Cuando no obedece, decirles “no muerdas a tu hermana” es mejor que decirle “que malo eres”.

Controla tus emociones: Cuando estamos enojados somos menos capaces de controlar las emociones y podemos ser más duros y severos. Cuando estamos muy enojados, es mejor tomarse unos segundos y respirar.

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