Lo que confunde a tus hijos

Lo que confunde a tus hijos

Un día, tu hijo de dos años juega con el agua de un balde y como está con ropa ligera y tú estás de buen humor, le celebras su “gracia”, lo dejas mojarse y te ríes con él. Al otro día, él hace lo mismo porque fue para él divertido y le gustó verte sonreír; pero esta vez, como ya es tarde, está con ropa gruesa y tú no estás de buen humor, le lanzas el gran reto, lo alejas molesto y frunces el seño. ¿Qué aprendió tu hijo? ¿Entendió lo ocurrido?

Los niños desarrollan su pensamiento observando los sucesos. Notan la causa y efecto de los eventos y esto les permite extraer información para estimar las consecuencias de los hechos y luego de sus propias conductas. Este hecho sencillo, es el pilar fundamental de muchos otros procesos que tendrán lugar en su mente e impactarán su vida.

Esta observación de causas y efectos, se aplica tanto al mundo de las cosas, como a las relaciones con los demás. Si un día tira la pelota al aire y ésta cae, aprende que las cosas que suben, bajan después; si la pelota que tirara se desapareciera, la realidad sería confusa para él, se desconcertaría y se sentiría angustiado. En el ejemplo de este artículo, las dos posibles reacciones planteadas no tienen sentido, sino que son más bien una inconsistencia. Él no puede dar un sentido y significado a los contextos si éstos cambian, por lo que no le sirven para predecir hechos ni guiar sus conductas. No sabrá si el jugar con el agua del balde será algo positivo o negativo, si es algo que apruebas o no, si es algo que debe hacer o no.

Para llegar a establecer relaciones con sentido, los niños requieren que lo adultos sean consistentes y muestren reacciones similares una y otra vez. Claramente, no es una misión fácil para los padres y madres, porque sus estados internos afectan sus conductas. Sin embargo, la importancia de que los hijos adquieran la posibilidad de desarrollar la habilidad de establecer relaciones y predecir sucesos y reacciones, bien merece el esfuerzo.

No se trata de fingir o “hacer siempre lo mismo”, se trata de poner atención y cuidado en que tus reacciones tengan sentido para tus hijos. Si reaccionas distinto, explícale con más claridad, para que no se confunda; sino que más bien, crezca su capacidad de comprender los sucesos y a las personas y pueda guiar sus conductas de acuerdo a ello. Por ejemplo, diciéndole: “Sí, el agua, es divertido jugar con agua pero esta vez tienes ropa gruesa (se la tocas), hace frío (tiritas), mañana sí jugaremos…” Todo esto, sin mostrar enojo, sin dejar de sonreír y buscando raudamente un distractor que lo ayude a tolerar la frustración del juego que no pudo ser. Con el tiempo, serás un referente estable que le facilitará entender el mundo y encausar sus conductas en adecuación a los contextos.

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