Lo que debes saber sobre la lactancia

La lactancia materna es la mejor base para que un niño tenga un desarrollo sano. En el recién nacido aporta los nutrientes básicos para la protección de infecciones y en el futuro disminuye las tasas de obesidad, asma y diabetes entre muchas otras enfermedades.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la lactancia materna de esta forma:

  • Inicio de la lactancia materna dentro de la primera hora después del parto.
  • Lactancia materna exclusiva hasta los 6 primeros meses de vida
  • Lactancia materna continua hasta los 2 años o más en conjunto con alimentación apropiada para la edad del niño pudiendo empezar desde los 6 meses de edad

 

Inmediatamente después del parto.

Durante la primera hora después del parto, el instinto de succión del recién nacido es muy fuerte y están listos para amamantar. La lactancia temprana ayuda a que el bebé se acomode al pecho.

La primera leche que la madre produce no es técnicamente leche. El líquido producido es el calostro. El calostro varía en color desde transparente, amarillento, anaranjado, rosado o incluso con un tono verdoso o café claro. Esto dependerá de la alimentación de la madre y que prepara al bebé para los alimentos consumidos en su contexto social.

El calostro tiene más de 60 nutrientes, 30 de los cuales son exclusivos de la leche humana. Es un líquido que ha sido diseñado especialmente para el bebé que la consumirá. Los componentes se relacionan entre si de una manera impresionante para entregar al recién nacido la mejor protección.

Un bebé que se alimenta exclusivamente de calostro está mucho mejor protegido en su incipiente sistema inmunológico que un bebé que recibe alimentación artificial ya sea fórmula o suero.

La madre produce dosis muy pequeñas de calostro, suficiente para el estómago del recién nacido que es del tamaño de una pequeña aceituna.

El calostro es un laxante natural que ayuda al recién nacido a expulsar el meconio; la primera deposición que es de color oscuro y de consistencia pegajosa que ha estado en su intestino durante el embarazo. Al liberar ese espacio en su intestino, el tamaño del estómago crece progresivamente dentro de los primeros 3 o 4 días permitiendo que el bebé amamante más.

La succión temprana ayuda a la contracción del útero, ayudando a disminuir el sangrado post parto y también a que la madre tenga una recuperación más rápida.

En el caso de tener un bebé prematuro, es posible que no puedas amamantar inmediatamente, sin embargo puedes sacarte leche (calostro) para alimentar al bebé a través de sondas o mamaderas según sea el caso.

No hay un sustituto del calostro que tenga las mismas cualidades y beneficios para el recién nacido y la mamá.

Después del parto y las primeras horas con tu bebé es importante que le ofrezcas el pecho de forma constante. Un recién nacido mama aproximadamente 10-12 veces en un periodo de 24 horas. Estarás alimentado a tu bebé más menos cada 2 a 3 horas. La lactancia temprana debe ser a libre demanda, por lo que debes ofrecer el pecho cada vez que tu bebé lo busca o llora. No lo alimentes según un horario. Esto ayudará a que produzcas más leche y sea suficiente para el bebé. Mientras más mama el bebé, más leche produce la mamá.

Asegúrate de que el bebé se agarre bien al pezón. Esto implica que su boca se abre y cubre gran parte o todo el pezón y areola. Si notas que no está en la posición adecuada, interrumpe la lactancia e inténtalo de nuevo.

Es normal que durante los primeros días de vida, los bebés duerman mucho y tengas que despertarlo para que mame. Si pasa de las 4 horas sin mamar, despiértalo suavemente. Puedes quitarle una capa de ropa y que se pueda mover libremente para ayudar a mantenerlo despierto.

La lactancia NO duele. Si te duele, prueba otra posición. Si no logras encontrar la posición adecuada para los dos, busca ayuda con una consultora de lactancia.

Deja que el bebé mame de un pecho primero y cuando lo suelte ofrécele el otro. Puedes que siga mamando o no. Lo importante es que al tomar toda la leche de un pecho está accediendo a la leche del final que es rica en grasas y calorías, ayudándolo a quedar satisfecho. En la próxima toma comienza con el pecho del que no mamó o mamó menos.

Las tomas pueden durar hasta 40 minutos o más. Asegúrate de tener un lugar y una posición cómoda para la lactancia que no dañe tu espalda o cuello. Puedes usar almohadas o cojines de lactancia según te sea más cómodo.

Evita las mamaderas y los chupetes, al menos durante las primeras semanas mientras se establece la lactancia. El bebé debe aprender a mamar y los chupetes artificiales pueden entorpecer este proceso.

A medida que pase el tiempo, tú y tu bebé se irán acostumbrando a las señales de cada uno y a amamantar. Tu cuerpo producirá la cantidad de leche que tu hijo o hija necesite en ese periodo ya que a producción se estimula con la succión del bebé. Tu leche se hará más blanca y más delgada, ya que contiene menos grasa que el calostro de los primeros días.

Mira este video de la Liga de la Leche

 

¿Qué comer?

Una dieta balanceada, rica en frutas y verduras frescas, proteínas y carbohidratos integrales es todo lo que necesitas para la lactancia. Mantener una hidratación adecuada ayudará a mantener una cantidad de leche apropiada. Toma mucha agua y evita las bebidas gaseosas y altas en azúcar.

Algunas mujeres sienten mucha hambre y/o sed durante la lactancia. Guíate por el hambre y la sed más que contar calorías. Tu cuerpo está trabajando las 24 horas para mantener la producción de leche. Cuida tu alimentación en el sentido de que sea variada y sana. Limita tu consumo de cafeína a un máximo de una taza de café al día ya que la cafeína se pasa al bebé y se acumula en su sistema. Lo mismo sucede con el consumo de alcohol.

En general no hay alimentos que sean nocivos o problemáticos para los bebés, sin embargo si notas que tiene más gases de lo normal o que se queja después de mamar, puede ser que lo que comiste antes le cause un malestar. Remueve ese alimento y ve si mejora. Algunos ejemplos pueden ser los lácteos, cebolla, picante, etc. Nada es dañino, solo algo personal.

 

¿Qué problemas puedes enfrentar?

Muchas mujeres no tienen mayores problemas para amamantar. Ellas y sus bebés aprenden rápidamente el proceso. Sin embargo, hay muchas otras que deben enfrentar problemas que muchas veces lleva a la frustración e incluso el abandonar la lactancia, la mayoría de las veces sin ser necesario.


Pezones agrietados o adoloridos

Ante cualquier molestia consulta a una especialista. Una mala postura puede traer problemas como pezones agrietados o incluso sangramiento.


Infección por candidiasis

Los pezones se ponen rojos, resecos y pueden agrietarse. Pueden picar o arder. El bebé puede presentar manchitas blancas en la lengua y el interior de las mejillas. Este es un hongo y puede ser tratado. Comunícate con tu médico, el pediatra y asesora de lactancia si crees tener esta infección.


Mastitis

Esta es una de las condiciones más molestas que pueden suceder durante la lactancia. Puede llevar a problemas graves si no es tratada a tiempo.

La mastitis es la inflamación de los tejidos mamarios. El pecho puede estar enrojecido, duro, sensible o afiebrado.

Una mastitis puede ser causada porque leche queda “estancada” en el pecho o porque se ha tapado uno de los ductos. También puede ser causada debido a pezones agrietados que permiten la entrada de gérmenes que provoquen la infección.

Puedes sentir fiebre y fatiga.

El estrés, falta de sueño y nerviosismo de ser madre puede aumentar la posibilidad de una mastitis. Puede ocurrir en cualquier momento de la lactancia, pero es más común dentro de los primeros meses.

Para aliviar los síntomas amamanta frecuentemente para mantener el pecho vacío y aplica compresas calientes en el pecho por unos minutos antes de amamantar, eso ayudará a que los ductos se abran y la leche fluya con mayor facilidad. Puedes tomar un analgésico como ibuprofeno para ayudarte a mitigar el dolor.

También puedes masajear tus pechos, desde la axila hacia adentro. Extraer la leche durante una ducha tibia también puede ayudar si es que los ductos están muy llenos y amamantar duele mucho. Compresas frías para bajar la inflamación también son útiles, pero no lo hagas mientras amamantas, hazlo después.

Si los síntomas no mejoran en 24 horas contacta a tu médico ya que puedes necesitar antibióticos, descanso y analgésicos.

No dejes de amamantar. Si hacerlo duele demasiado, intenta con un extractor de leche. Dejar de extraer leche significa que disminuirá la cantidad de leche producida y que el o los pechos se llenarán aún más y el problema será aún más molesto.


Ampolla de leche

Es causada cuando una delgada capa de piel crece sobre uno de los conductos en el pezón. Esto causa una ampolla y por ende un bloqueo del conducto. Contacta a tu médico o asesora de lactancia para que traten la ampolla.


Ampolla en el pezón

Puede ser causada por una mala posición al amamantar que hace que la succión hiera la piel o por un bebé con el frenillo corto. El frenillo es la piel que está debajo de la lengua y que algunos bebés tienen muy corto, impidiendo el movimiento completo de la lengua. Si tu bebé tiene el frenillo corto, el pediatra determinará una cirugía menor que solucionará el problema rápidamente.

Otras causas, menos comunes, son la dermatitis y el virus del herpe. Es importante que un médico determine qué tipo de ampolla es antes de aplicar cremas o seguir amamantando por ese pecho.


Vasoespasmo

Si ves que tu pezón está pálido y duele al comenzar a amamantar puedes tener un vasoespasmo. Esto significa que la sangre no puede pasar y puede ser causando por una lesión en el pezón o por una infección. Tu médico o asesora de lactancia pueden ayudarte a remediar esta condición.

 

Para evitar estos problemas:

  • Procura alimentar a tu bebé seguido
  • No separes al bebé de tu pecho sin antes haber interrumpido la succión. Esto lo puede hacer insertando tu dedo por el lado de su boca.
  • Estimula la bajada de leche con masajes antes de cada toma
  • Usa ropa holgada, especialmente sostenes que permitan que la piel respire.
  • Mantén la piel seca y ojalá puedas mantener tus pechos al aire libre todos los días un rato.
  • Tu propia leche ayuda a sanar las heridas o gritas que puedas tener en los pezones. Rocía un poco de leche y deja que se seque al aire libre.
  • Después de cada toma puedes aplicar lanolina natural u otras cremas especialmente diseñadas para prevenir o sanar pezones irritados o agrietados.

No sufras en silencio. El enfrentar algún problema durante la lactancia es completamente normal y no te hace una mala madre o significa que hiciste algo mal. Busca ayuda apenas sientas molestias. Amamantar a tu hijo o hija debe ser un momento feliz, no de dolor o angustia.

 

Algunos mitos que no debes creer

Mi bebé no engorda porque no toma suficiente leche.

Tenemos la costumbre de creer que un bebé gordito es un bebé sano y no es así. Cada bebé es único y el que no “engorde” no significa que no esté sano.

Si tu bebé hace pipí unas 5 o 6 veces al día, se agarra bien al pezón y lo escuchas tragar y el pediatra considera que está en un buen peso y desarrollando adecuadamente, está bien. No es necesario darle relleno.

No tengo suficiente leche

Mientras más mame tu bebé, más leche producirás y será lo que tu bebé necesita, ni más ni menos.

Tampoco es verdad que si tu mamá tuvo “poca leche” tú tampoco la tendrás.

No te compares con otras mamás que amamantan. Tú y tu bebé son perfectos el uno para el otro.

Mi leche no es buena

Toda la leche materna es excelente y perfecta, incluso cuando no comes bien.

La leche cambia según las necesidades de tu bebé. A veces puede ser más delgada y otras más gruesa y calórica, esto incluso dentro del mismo día.

Si quieres amamantar, hazlo frecuentemente y listo. No existe la leche de mala calidad.
Ante la duda, siempre consulta a especialistas que fomenten la lactancia. La naturaleza te hizo capaz de crear vida, también te dio la capacidad de alimentarla y cuidarla.

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