Los cuidados emocionales ante un terremoto

Los cuidados emocionales ante un terremoto

Frente situaciones críticas como la de un terremoto, los adultos nos hemos manejado bastante bien. La población está más informada, y eso ha ayudado a tomar los resguardos necesarios ante emergencias. Sabemos lo que puede ocurrir y cómo proceder. Para esto contamos con medios de comunicación, por ejemplo noticiarios y redes sociales, que nos informan segundo a segundo lo que ocurre.

Evidentemente los adultos nos angustiamos muchísimo, y necesitamos tranquilizarnos. Necesitamos que alguien (las noticias, un mensaje, o una aplicación móvil que mande un mensaje cuando nuestro celular se mueve un milímetro), nos proteja de lo malo que puede ocurrirnos, tal como lo necesitamos cuando fuimos niños, especialmente de nuestros padres, en ese caso.

Los padres serán entonces los informativos, las alarmas de seguridad y la “red social” de los niños. ¿Qué informar? Depende de la edad del niño, un adulto proporcionará información que un pequeño pueda procesar. Esto implica un gran trabajo de los padres, que necesitan transmitir calma y seguridad a pesar que ellos mismos estén sintiendo angustia. No se trata de disociarse del afecto, y “hacer como que nada ha pasado”, porque eso es básicamente negación, sino tranquilizar mediante la explicación del fenómeno natural.

Dependiendo de las edades, los padres pueden recurrir a metáforas, a relacionar eventos, o a explicar más técnicamente lo que es un terremoto y cómo las personas tienen que cuidarse cuando ocurre. La premisa aquí es que conocer un fenómeno calma nuestras angustias. Lo más terrorífico para cualquier persona es lo desconocido, lo que no podemos representar.

Por esto es importante que nos niños representen esta experiencia. ¿Cómo suelen hacerlo? Con juegos, dibujos, y básicamente hablando. Un niño puede tener la necesidad de hablar muchas veces de un mismo hecho, o de jugar repetitivamente, tal como los adultos necesitamos ‘conectarnos’ minuto a minuto para recibir información; son formas de manejar la angustia. Se hace necesario que los adultos estemos atentos y receptivos frente a estas comunicaciones. Esto implica poder responder preguntas, si eso es lo que el niño necesita, o explicar, o tranquilizar. Es útil también motivarlo cuando está construyendo juegos, participar de éstos, proponer actividades lúdicas (hacer canciones, escribir cuentos, por ejemplo) o incluirlos en actividades reparatorias, por ejemplo al hacer algún aporte a personas damnificadas.

Se espera que un niño necesite más cuidado emocional, atención y contención ante un evento tal como un desastre natural. En estas situaciones pueden estar más temerosos y necesitar más a los cuidadores, o puede costarle ir a dormirse, o estar más irritables o sensibles que de costumbre. Los padres deben estar atentos a éstas y otras manifestaciones de angustia, que pueden ser parte de una reacción normal ante una situación de peligro, pero que requieren de apoyo psicológico cuando se extienden en el tiempo.

 

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