No se trata de una discusión nueva, por cierto, pero cada vez son más los estudios o disposiciones especiales sobre regulación televisiva. A tanto ha llegado la preocupación por el tema de la TV y los niños, que en países como Francia, todos los canales de televisión deben exhibir desde el 2009 una huincha que diga “La TV puede retardar el desarrollo de un niño menor de tres años, aunque se trate de programación que se dirija especialmente a ellos”. Afirmación basada en un estudio que constataba lo perjudicial que puede ser la televisión para este rango de edad.
Sin embargo, en la prensa abundan también aquellos estudios que propagan sin dudar los beneficios de ver televisión. El desconcierto entonces puede ser grande, por lo mismo, la recomendación para los padres, es a estar informados sobre los contenidos de los programas que ven sus hijos y los aspectos que pueden beneficiar o perjudicar.
Los primeros tres años de un niño son vitales para su desarrollo psicomotor y social. La televisión en este sentido, interfiere en la estimulación que el niño pueda sacar de otras actividades más sanas, pues está sentado frente a un objeto que no le entrega afecto, ni espacio social o físico. De este modo, sería aconsejable que el niño pudiese ver televisión sólo después de los tres años y programas que estén acordes con su nivel de desarrollo y que fomenten su aprendizaje.
Muchos niños no saben aún distinguir con claridad lo bueno de lo malo o la fantasía de la realidad, por ello, es fundamental que un adulto esté a su lado para explicarle ciertas situaciones que puedan malinterpretarse. He conocido casos de niños que luego de ver noticias sobre delincuencia, se despiertan con pesadillas y comienzan a sentir angustia respecto a que alguien entre a su casa a robar y le haga daño a sus papás. Por otra parte, si el niño está solo, puede cambiar la televisión al canal que quiera, viendo programación poco acorde con su edad.
Así, en la medida en que el programa sea adecuado para la etapa de desarrollo del niño y que genere una instancia de aprendizaje para poder compartir el contenido con un adulto que lo oriente, puede ser un aporte, pero muchos niños pueden ver un programa y al terminar, si les preguntas qué vieron, no saben qué decir. Esa es una forma alienada y negativa de ver televisión, pero lamentablemente muy común…
En cambio, si al final de cada programa el adulto habla con el niño sobre lo visto, o le pregunta sobre los personajes, puede hacer de ésta una actividad que incluso desarrolle su inteligencia social y promueva su expresión emocional.
De todos modos, se recomienda que un niño pueda estar un máximo de dos horas frente al televisor y por sobretodo que el tiempo en que el niño juega y comparte con otros, sea mucho mayor.
Respecto a la televisión en las piezas de los niños, lo ideal es que no. La televisión puede sobreestimularlos pudiendo interferir en que logren un buen dormir, lo cual disminuye sus posibilidades de crecimiento físico y de consolidación de los aprendizajes que realizaron durante el día.
Por otra parte, el sedentarismo que provoca ver tantas horas diarias de televisión tiene una incidencia directa en el sobrepeso infantil, pues la TV no incita al niño a realizar actividad física alguna. Por este motivo, es ideal que podamos fomentar el juego activo, el deporte y otras actividades que aporten mayormente en su desarrollo.
Es una realidad que cuando un niño está solo o los padres están ocupados, la televisión puede ser un aliado para entretener y ciertamente, los programas educativos no le hacen “daño” a un niño, pero lo importante es equilibrar. Ayudar al niño a usar su tiempo libre en actividades solitarias o con otros que no impliquen la TV, puede fomentar su creatividad, iniciativa, proactividad, vivenciar la soledad sin tanta angustia y aprender a entretenerse de maneras constructivas, lo cual puede entregarle herramientas valiosas para la vida.







