Los sentidos al servicio de la inclusión educativa

Los sentidos al servicio de la inclusión educativa

Al dar inicio a estas líneas a lo que primeramente se aspira es a convocar al lector  al beneficio de reflexionar sobre lo que implican o entiende por nuestros sentidos. Púes al detenernos en ellos se puede considerar eventualmente, que por medio de estos podemos sentir el mundo a ese entorno social que nos rodea que nos cobija, acepta y respeta o en su opuesto nos exilia o rechaza. Y es en este medio en donde se promueven y concretan nuestros primeros vínculos e interacciones sociales y es de esta convivencia es que nacen y emergen sentimientos centrados en como observamos, palpamos, olemos el mundo y los seres humanos que lo conforman y comparten. Lo que da cuerda y energía a ese motor llamado vida y canalizado en sociedades.

De esta manera se hace un llamado a poner todos nuestros sentidos en marcha al momento de dar lectura a esta columna y más aún enfatizar en nuestro sentir en el sentimiento más genuino el amor de este noble sentimiento se pueden desprender la fraternidad, el respeto, la valoración de todos y para todos, dejando al margen del camino prejuicios, desconocimientos y temores.

Debemos considerar y no olvidar que la diversidad es una condición básica de todos los seres humanos la que se sustenta de manera constante en cada espacio que compartimos, posibilitándonos que aprendamos y podamos apreciar, que en la diaria convivencia nace el respeto, la aceptación y valoración por el otro.

Dentro del contexto educativo desde los primeros años de vida los niños y niñas postulan generalmente a un curriculum integral que da respuesta a la formación holística del ser persona y tantas alternativas que promuevan mejores formas de aprender y por ende mejores aprendizaje. De la mano de esto se  perfilan educadores idealmente sensibles, conocedores, empáticos y creativos mediadores de procesos en donde todos y todas deberían ser bienvenidos ya sean educadores y educando.

Avanzando en este camino se pretende lleguen con éxito a su etapa escolar y aumentar así nuevas competencias que les permita enfrentar con éxito nuevos desafíos académicos y que sean transversales en la práctica de la vida. Increíblemente es en este escenario en donde se instala un desafío para todos, no sólo para educadores sino para la comunidad en general.

 

La educación inclusiva, un concepto amplio, con fundamentación teorizada sustentada y argumentada por diversos autores interpretada por leyes pero que muchas veces no rompe la barrera del papel se ve duramente enfrentada a la realidad de espacios supuestamente fraternos.

Si hablamos de los espacios educativos que compartimos y en que convivimos diariamente resulta usual escuchar voces que se expresan frente a la diversidad de niños como “Yo no puedo educarlo, debe verlo un especialista”, “Pero por que está aquí, acaso no hay escuelas especiales” “Más adecuaciones en el trabajo educativo”. Es así como las actitudes de los adultos influyen profundamente en los climas que se generan, impidiendo o favoreciendo espacios de respeto y afecto, de vínculos de confianza y seguridad.

No es de extrañar que en diferentes escenarios educativos se diga repetidamente que hay crisis de la convivencia, que cuesta la convivencia, que duele la convivencia, constantemente se aprecia en términos de igualdad o desigualdad de equidad y de iniquidad bajo el manto de la normativa. Y es que no hemos sido lo suficientemente fraternos ¿No será que convivir consiste en interrogar aquello que nos pasa con los demás? Hay destierros que van más allá de los espacios conocidos y concebidos.

Exilio como estados y condiciones. Exclusiones que se instalan en todos los cuerpos y que atraviesan dimensiones ignoradas mejor dicho en las palabras de Skilar “La expulsión del paraíso, la falta de paraíso, la inexistencia del paraíso”.

Ahora las personas en sus vidas experimentan diversas emociones que distan de ser motivadas por su libre elección, pero una actitud positiva de una persona le facilita el hacer uso de aquellos recursos que posee y no lo de lo que carece, la actitud positiva fomentara sentimientos que fomenten bienestar y nos predispone a una sensibilización especial hacia los otros o bien desde un punto de vista contrario como nuestra propia naturaleza en conflicto nos provoca miserias terrenales en nuestra interacción con los otros no concretando lazos de solidaridad social.

Por tanto es urgente intentar modificar y minimizar sentimientos basados en prejuicios, miradas que sentencia la existencia de ese otro “supuestamente” diferente, palabras que hieren profundo y que solo destilan falta de humanidad y desconocimiento. La educación debería ser sinónimo de dialogo y generar una metamorfosis en nuestro sentir que movilice nuestra sensibilidad.

Al centrarnos en inclusión educativa debemos generar cambios profundos que posibiliten beneficiar el hecho de ser personas y existir en el mundo. Una vez más la invitación es a cuestionarnos y por supuesto jamás dejar de intentar bajo un prisma de seres con buena voluntad y actitud positiva.

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1 Comment

  1. Que importante recordar que la diversidad es fundamento de todo lo que hoy somos y de lo que podemos llegar a ser. Como madre de hijos en edad escolar, es muy importante no olvidarlo y enseñar con el ejemplo. Gran artículo!!

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