Madres Reales

Madres Reales

El día de la madre, como cualquier conmemoración, fomenta la idealización. Para celebrar, tendemos a olvidar los aspectos negativos, fallas o limitaciones de cualquier persona o situación, y en este caso, de la función de ser mamá. Así, exaltamos a las madres.

Sin embargo, es importante darle espacio a las complejidades de la maternidad, pues esa otra parte “no ideal” existe, y es parte fundamental de la realidad de cualquier mujer que se convierte en madre.

Un factor que hace necesario este ejercicio de integración es el sentimiento de culpa que puede generar estas imágenes idealizadas de las madres. La madre idealizada realmente no existe, salvo en nuestras fantasías. Aquella madre ideal es una ‘virgen’: da amor eterno e ilimitado sólo por el hecho de ser madre, siempre perdona, nunca se cansa y pensará en el bien de sus hijos por sobre todas las cosas.

Este producto de nuestro imaginario ata tanto a las madres reales como a quienes se relacionan con ellas. Una madre real se cansa, se aburre, se estresa, puede tener más aprecio por uno de sus hijos, odia legítimamente a los que tiene a cargo, se lamenta de ser madre a veces, y seguramente dejó planes inconclusos en su vida, entre otras cosas. Pero ni para las madres ni para los que le rodean resulta fácil asumir esa dimensión, pues genera mucha rabia, angustia y culpa.

Integrar esos aspectos de la maternidad nos permite apreciar con más claridad la realidad de los seres humanos, complejiza y enriquece la figura de una madre, le da espacio a sentimientos negativos y, por ende, legitima la falla de esta función.

Es justo que sea así por otro lado. Dado que las madres ‘vírgenes’ todo lo pueden, soportan y toleran, no generan obligación ni cuidado de quienes la rodean, y esto es una carga tremenda para cualquier mujer.

Por otro lado, asumir que una madre falla hace posible que surja un amor realmente integrado. Este amor, más real, emerge en la relación con un otro que tiene limitaciones. No se trata de nada ideal ni incondicional, sino sólo de un vínculo donde predomina el amor sobre la agresión. Una madre que, a pesar de las limitaciones que trae la maternidad, se mantiene y sobrevive a esta función, da amor real.

El trabajo de mamá, que es tremendamente exigente, es realizado precariamente muchas veces, y es natural que así sea. Por esto una mujer en esa función requiere mucho apoyo desde todo su entorno. Si las cosas van bien, felizmente, esa mujer puede llegar a ser, en general, una buena mamá.

 

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