Mujer y trabajo infantil

Mujer y trabajo infantil

Una mirada a la luz del Día Internacional de la Mujer

“Los derechos humanos de la mujer y de la niña son parte inalienable, integrante e indivisible de los derechos humanos universales. La plena participación, en condiciones de igualdad, de la mujer en la vida política, civil, económica, social y cultural en los planos nacional, regional e internacional y la erradicación de todas las formas de discriminación basadas en el sexo son objetivos prioritarios de la comunidad internacional.”

(Naciones Unidas, Declaración y Programa de Acción de Viena 1993, parte I, parrafo18)

El Día Internacional de la Mujer se celebra cada 8 de marzo en todo el mundo para recordar a quienes fueron las pioneras en la demanda por la igualdad de derechos y oportunidades.

El 8 de marzo de 1857, un grupo de obreras textiles de Nueva York salieron a las calles a protestar por las malas condiciones de trabajo, la larga jornada laboral y su derecho a sindicalizarse, este movimiento provocó un gran impacto ya que ellas fueron violentamente reprimidas por la policía.

En 1909 el día 28 de febrero se celebró en todos los Estados Unidos el primer Día Nacional de la Mujer, que siguieron celebrando el último domingo de febrero hasta 1913.

En 1910, durante la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Trabajadoras celebrada en Copenhague (Dinamarca) la alemana Clara Zetkin, integrante del Sindicato Internacional de Obreras de la Confección, propuso instituir el Día Internacional de la Mujer Trabajadora para reclamar los derechos políticos, civiles y económicos de todas las mujeres en el mundo y más de 100 mujeres procedentes de 17 países aprobaron esta idea por unanimidad, como homenaje al movimiento en favor de los derechos de la mujer y para ayudar a conseguir el sufragio femenino universal. A raíz de esto por primera vez se celebró el Día Internacional de la Mujer el 19 de marzo en 1911 en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, en ese primer encuentro participaron más de un millón de mujeres y hombres.

El 25 de marzo del mismo año, más de 140 jóvenes trabajadoras, la mayoría inmigrantes italianas y judías, murieron en el trágico incendio de la fábrica Triangle en la ciudad de Nueva York, las condiciones laborales que condujeron al desastre, tuvieron grandes repercusiones en la legislación laboral de los Estados Unidos.

El último domingo de febrero de 1917 en Rusia las mujeres se levantaron en contra de la guerra que había causado el fallecimiento de dos millones de soldados rusos, se declaran en huelga en demanda de “pan y paz”, cuatro días después el Zar se vio obligado a renunciar y el gobierno provisional concedió a las mujeres el derecho de voto.

En 1920 en Estados Unidos se logra la aprobación de la Decimonovena Enmienda de la Constitución Estadounidense por la que se otorga a las mujeres el derecho al sufragio en este país.

Las Naciones Unidas se adhiere a la protección de los derechos de la mujer firmándose en 1945 en San Francisco una carta que constituye el primer acuerdo internacional que defiende la igualdad de ambos sexos como derecho fundamental e indiscutible y en 1975, Año Internacional de la Mujer se comenzó a celebrar el Día Internacional de la Mujer el 8 de marzo Dos años más tarde, en diciembre de 1977, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) proclamó el 8 de marzo como Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional. El creciente movimiento internacional de la mujer, reforzado por las Naciones Unidas mediante cuatro conferencias mundiales sobre la mujer, ha contribuido a que la conmemoración sea un punto de convergencia de las actividades coordinadas en favor de los derechos de la mujer y su participación en la vida política y económica.

Aunque la conmemoración de esta fecha siempre tuvo una larga historia en nuestro país, fue sólo hasta el 18 de agosto de 1998, cuando Chile acoge el llamado de la ONU instituyendo el 8 de marzo como el Día Nacional de la Mujer.

Si bien los avances en esta materia han sido significativos, no debemos olvidar que aun hay objetivos que no se han logrado, es importante considerar que para que no exista ningún tipo de discriminación y/o vulneración de derechos hacia la mujer adulta, debemos promover y proteger desde nuestras familias, amigos, trabajo, etc. los derechos de las niñas.

Según las cifras de la Primera Encuesta Nacional de Actividades de Niños y adolescentes, realizada por el Ministerio del Trabajo con apoyo de la OIT, en el 2003, junto a la información del Registro de las Peores Formas de Trabajo Infantil, se indica que en Chile, existe un total de 196.104 niños, niñas y jóvenes, entre 5 y 17 años, realizando cualquier tipo de ocupación de manera remunerada o no remunerada, pago en especies o ganancia familiar.

Del total de niños y niñas trabajadores, 42.083 realizan trabajo doméstico, esto incluye a todos los niños y adolescentes de 5 a 17 años, que declaran realizar trabajos domésticos de diversa índole para su propio hogar, por un tiempo superior a la media jornada (21 horas o más a la semana). La gran mayoría, un 84,8% de ellos, son mujeres, de estas un 24,1% son madres adolescentes solteras, o casadas o convivientes sin hijos.

Al ver estas cifras podemos ver cómo aún nuestra sociedad permite, que niñas entre los 5 y 17 años realicen labores en sus hogares por más de 21 horas a la semana, si los adultos tenemos jornadas laborales de máximo 45 horas.

Esta ocupación y responsabilidad que se les entrega y que deben enfrentar de forma adelantada a su etapa de crecimiento, porque no sólo se responsabilizan de hacer aseo, lavar, planchar, cocinar, que en si ya implican un riesgo importante dependiendo de la edad que tengan, sino también quedan a su cuidado hermanos, primos u otros niños menores que ellas, por lo que no sólo están en riesgo ellas, sino también quienes quedan bajo su cuidado.

También vemos en estas cifras, que las posibilidades de estudio se ven coartadas al asumir estas labores ya que por la cantidad de horas que les dedican, descuidan sus quehaceres escolares y por ende tienen baja asistencia y rendimiento escolar, todo esto las desmotiva a continuar en el sistema escolar, desertando de él, sobre todo cuando además tienen responsabilidades como madres adolescentes.

 

Claudia Pérez Venegas

Coordinadora Programa Proniño

Zona Sur

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