Bebés y la neofobia ¿Cómo enfrentarlo?

por Carolina Pye,
nutricionista.

bebecomiendo

A pesar de que intentamos que nuestros hijos prueben y coman distintos alimentos, es común que presenten neofobia o rechazo inicial a algún alimento en particular. A veces este rechazo puede manifestarse respecto de más de un alimento. Cuando esto tiene su origen en el gusto genuino del niño, es decir, no hay presencia de enfermedad u otro factor externo, es algo que como padres podemos manejar para lograr que la alimentación sea la más variada posible.

El sabor dulce es percibido por los niños desde antes del nacimiento, siendo esto de gran importancia ya que, generalmente, se alimentarán sólo a base de leche hasta los 6 meses de edad, y la leche es de sabor dulce, por lo que es aceptada fácilmente por los niños.

Sin embargo, después de los cinco o seis meses los niños comienzan a tener un mayor desarrollo sensorial, por lo que están en condiciones de percibir nuevos sabores como el salado y el ácido. La incorporación de la alimentación complementaria (sopa puré o crema de verduras y postre de frutas), permite esta ampliación de sabores pues estos alimentos contienen naturalmente estos sabores; por ello no es necesaria la adición de sal y/o azúcar en la preparación de ellas.

Ya al año de edad, los niños tienen la capacidad gustativa muy similar a la de los adultos.

Considerando que los niños nacen con distintas cantidades de papilas gustativas, es posible encontrar niños con diferencias de gustos o preferencias alimentarias. Esta diferenciación, se ve incrementada considerando la existencia de gustos y hábitos alimentarios familiares particulares, lo que determina una mayor o menor exposición de los niños a los distintos alimentos.

En relación con esto último, se recomienda dar a probar al niño todo tipo de alimentos independientemente del gusto de los padres.

Es importante considerar que no todos los alimentos que se dan a probar al niño serán aceptados de manera inmediata. También hay que tener presente que no porque el niño rechace, por ejemplo un tipo de verdura, ello implique que tal rechazo se extienda a todo el resto de ellas. Posiblemente, dándole a probar una mayor variedad de verduras será posible descubrir cuáles son de su gusto.

Para conseguir que el niño, finalmente, acepte un alimento inicialmente rechazado, será necesario insistir adecuadamente en su consumo. Respecto a esto, existen estudios que demuestran que puede llegar a ser necesario exponer al niño hasta 10 veces al alimento antes de que él termine aceptándolo. Por eso es importante no frustrarse y continuar un proceso racional y amistoso para que el niño integre el alimento en cuestión sin que él asocie este proceso a reprimendas o momentos poco gratos, lo que dificultará aún más la aceptación del alimento.

Hay personas que para lograr que el niño coma la comida, en la cuchara mezclan el alimento salado con el postre a objeto de que se perciba el sabor dulce y el niño lo coma. Esto no es recomendable pues no contribuye a la aceptación real de los otros sabores, pudiendo acentuar el rechazo alimentario. Además, no debe olvidarse que es conveniente y deseable crear desde pequeños los hábitos alimentarios adecuados, ya que una buena alimentación durante los 3 primeros años de vida y en particular durante los primeros 12 meses de edad, constituye una medida preventiva y un factor indispensable para promover la salud del niño.

Consejos prácticos frente al rechazo alimentario

  • No agregar azúcar al postre de fruta, ni sal a la comida, ya que los alimentos las contienen en forma natural.
  • Si el alimento es rechazado la primera vez, esperar un tiempo antes de volver a intentarlo.
  • Incorporar el alimento rechazado en forma gradual y progresiva según aceptabilidad.
  • No se recomienda mezclar la comida con el postre para asegurar que el niño lo coma, ya que puede mantener y acentuar el rechazo alimentario.
  • Dar de comer en un entorno agradable y tranquilo, sin distractores.
  • El niño debe comer sentado, teniendo el cuerpo seguro y las manos libres.
  • Ocupar utensilios como platos y cucharas especiales para niños, con contornos suaves que no causen daños y que el niño reconozca como propios.

Foto: @eugeniayjulian

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