No quiero ser gorda

No quiero ser gorda

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Cada día aparecen en los medios nuevos referentes de moda y belleza, hombres y mujeres que con su gracia y -sobre todo- bella apariencia física logran cautivar a miles de seguidores en todo el mundo. Nada mal podría pensarse. Sin embargo, hay dentro de estos seguidores muchos niños y adolescentes que no sólo los admiran sino que también buscan imitar estos modelos de aspecto ultra delgado.

El temor de ser, de verse o imaginarse gordo(a) se apodera cada vez más de nuestros niños y adolescentes. Y si antes los trastornos alimentarios eran problema de adultos, especialmente mujeres, hoy cada vez más jóvenes comienzan con estos padecimientos, siendo los más comunes la anorexia y bulimia.

Según contó a BBC Mundo, Mabel Bello, presidenta de Aluba (Asociación de lucha contra la bulimia y anorexia en Argentina), “estos niños y jóvenes tienen miedo de ser gordos y rechazan la comida. Hay chicos en el jardín de infantes que se meten los dedos para vomitar. No siempre existe el síndrome completo, pero es una tendencia. El hecho de que haya más consultas está, en parte, relacionado con un mayor conocimiento de los desórdenes de parte de padres y pediatras”.

En México la anorexia en adolescentes se ha convertido en la tercera enfermedad de mayor prevalencia, luego del asma y la obesidad.

Por lo mismo, si usted cree que su hijo o hija está presentando conductas que pudieran relacionarse con estos trastornos alimenticios, acá le mostramos algunos síntomas de la anorexia nerviosa para estar atenta:

Pérdida severa de peso, distorsiones e ideas falsas sobre el peso y tamaño del cuerpo, obsesión con la comida y las calorías, ejercitarse excesivamente, vomitar en secreto, comportamiento irritable, aislamiento y pérdida de amistades. Físicamente, además, se puede observar uñas y cabello frágil, quebradizo, piel seca y amarillenta, tono muscular débil y cansancio permanente.

Las señales que podrían indicarnos que alguien padece bulimia son: comer en forma compulsiva (atracón), obsesión con la comida y las calorías, vomitar y purgarse con laxantes, distorsión del periodo menstrual y autoestima muy baja.

La bulimia hace que la persona coma exageradamente y luego viene el vómito después del atracón. Después de comer en exceso, el joven se siente con culpa y miedo por la falta de autocontrol, así recurren a diferentes métodos de purga como los laxantes o diuréticos.

Y en los más pequeños…

Dina Zeckhausen, psicóloga norteamericana experta en trastornos alimenticios, señala que en la sociedad en general hay tanto énfasis en la apariencia y en el no ser obeso, que existe el peligro de crear demasiada ansiedad en los niños en torno al peso.

La experta agrega que imponerle dietas a los niños con sobrepeso podría acarrear una obsesión con la comida que podría desencadenar en un trastorno alimentario. Más que restringir alimentos, la psicóloga recomienda hacer que los niños con sobrepeso practiquen algún deporte, motivarlos a salidas al aire libre, en familia. Lo ideal es que el pequeño también vea hábitos de vida saludable en la casa, donde está la mayor parte del tiempo. Otra recomendación es hacer que el niño se incorpore a actividades cotidianas como cocinar, que vea como se preparan los alimentos, que dé su opinión y adquiera un gusto por comer alimentos sanos.

Claves para detectar a un pequeño con trastornos alimenticios

Los niños en riesgo de padecer un trastorno alimenticio comparten rasgos de personalidad similares. Algunos son:

-Ansiedad: buscan resultados rápidos.

-Perfeccionismo: quieren que todo les resulte bien, son poco tolerantes a la frustración.

-En  ocasiones son objeto de bullyng escolar, si presentan sobrepeso elevado los llaman con apodos poco amigables.

-Tienen padres muy exigentes y preocupados de su aspecto físico. Buscan imitar conductas de sus madres que suelen pesarse a menudo y realizando dietas en busca del peso perfecto.

-Tienen una relación conflictiva con sus padres, y por ende, escasa comunicación.

Tratamiento

En general los tratamientos para estos trastornos son largos, tanto la psicoterapia como el tratamiento psiquiátrico con antidepresivo debiera ser de al menos un año. Suele ocurrir que las pacientes al ver que se sienten mejor, sienten deseos de abandonar antes de tiempo el tratamiento, además presentan una negación de la enfermedad. Es por eso, que en la terapia deben estar involucrados sus familiares, porque estos trastornos afectan no sólo al enfermo sino que a su entorno también.

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