Seguridad afectiva: los cuidados cotidianos en el niño pequeño

El día a día de un niño pequeño está lleno de detalles, como bañarlo, mudarlo, vestirlo, darle de comer, tomarlo en brazos para transportarlo, etc. Todos estos son momentos de una relación muy íntima entre la mamá y el bebé o niño pequeño, ya que está cuerpo a cuerpo con su hijo, por lo tanto, será muy importante evitar que estas actividades se vuelvan totalmente mecánicas y nos impidan la comunicación con el niño.

Las primeras formas de hacerlo, es con la mirada, el tono de nuestra voz, la manera de sostenerlo en nuestros brazos y cómo lo manipulamos al mudarlo o vestirlo, ya que en todas estas acciones lo primero que siente el niño es nuestra actitud al hacerlas, las que están enlazadas con nuestras emociones que, al mismo tiempo, el niño capta rápidamente, gracias a que el cerebro del bebé desarrolla tempranamente el sistema límbico que, entre otras funciones, se encarga de captar las emociones del ambiente.

Por ejemplo, si lo tomamos de manera ansiosa y rápida, si estamos distraídos al mudarlo, si no lo miramos o no le pedimos su colaboración de manera suave y alegre, estaremos generando y transmitiéndole situaciones cargadas de emociones tensas que no le permiten la tranquilidad para comunicarse con nosotros ni con el mundo que lo rodea, por lo tanto, estaremos obstaculizando su capacidad de abrirse a los otros y a la exploración, ya que todo su ser estará más pendiente de defenderse y sobrevivir frente a estas situaciones que las vive de manera angustiosa y caótica.

Si en una situación cotidiana necesitamos llevar al niño a comer justo cuando el está muy concentrado en alguna actividad, mirándose las manitos o jugando con algún objeto interesante, es fundamental que él sienta que nos acercamos suavemente para levantarlo. Lo podemos tocar suavemente, esperamos que se contacte con nuestra mirada para saber si está disponible y que nos ha visto, le hablamos sobre lo que él hace: “ahh! Pero que linda esa pelotita con la que juegas…” y luego le mostramos el babero y le decimos: “te vengo a buscar para ir a comer”. Le ofrecemos nuestros brazos y esperamos su iniciativa para estirarnos los suyos. Lo alzamos suavemente y lo llevamos a comer.

Si todas las situaciones de cuidados cotidianos las realizamos con delicadeza, sin apuros, con una mirada atenta a los intereses del niño para responder a sus preguntas y a sus iniciativas con nuestros gestos o palabras, si disfrutamos de cada momento y estamos muy presentes y sin distracciones, estaremos construyendo una base muy sólida en su seguridad afectiva y, por lo tanto, personal. Más tarde en su capacidad de estar solo y ser autónomo en situaciones de juego y exploración, ya que tendrá muy integrada la presencia afectiva del adulto, padre, madre o persona significativa que lo cuida.

Blog de la autora: Psicomotricidadparalainfancia.blogspot.com

Prev ¡Niña cantante!
Next El zoológico de antes

0 Comments

No Comments Yet!

You can be first to comment this post!

Leave a Comment