Síndrome del hijo único: La crianza como clave
En décadas anteriores, tener varios hijos era una situación muy común en la sociedad, pero factores como el control de la natalidad, la preocupación por situación económica o la cada vez más amplia profesionalización de la mujer han influido para que las familias reduzcan considerablemente su número de integrantes.
Las cifras son claras: Según datos proporcionados por el Instituto Nacional de Estadísticas, INE, el ritmo de crecimiento medio anual de la población disminuyó de 2,5 por cada cien habitantes entre 1952 y 1960 a 1,2 por cada cien habitantes entre 1992 y 2002, mientras que el número medio de hijos por mujer bajó de 5,4 en 1962-1963 a 2,0 en 2000, lo que demuestra que la opción por conformar grupos familiares reducidos es cada vez más habitual.
Sin embargo, no en todo el mundo esta decisión es personal, ya que encontramos con casos curiosos como el de China, donde por problemas demográficos han debido establecer legalmente los nacimientos a uno por familia.
Debido a los motivos antes señalados, no es raro que muchas parejas actuales opten por tener sólo un hijo, lo que genera una particular tipificación en relación a la personalidad del niño, la que generalmente tiene una connotación negativa.
Cuestión de crianza
El “síndrome del hijo único” es también conocido como el del “pequeño emperador” y se refiere a niños mimados, egoístas y “agrandados”, esto último debido a que su interacción social es, principalmente, con adultos.
Según un texto publicado por Instituto de Psiquiatría y Psicología Médica de España, Neurosalus, la sobreprotección es uno de los principales problemas, ya que los padres tienen más tiempo y mayores recursos para destinar a este niño, lo que en ocasiones logra aislarlo y crearle un mundo aparte lleno de comodidades, lo que ya les hacer ser y sentirse “especiales”.
En conversación con Revista Carrusel, la psicóloga Ángela Humeres destaca que lo fundamental en la crianza el afecto, pero también firmeza. “Hay que tener claro que un niño contenido por los padres es mucho más dócil. El carácter es algo en lo que no podemos influir; sin embargo, siempre los rasgos de personalidad se pueden ir modelando de acuerdo a cómo los padres influyen en ellos. Lo principal es tener los límites claros”.
Para evitar criar en casa un pequeño “monstruo” es fundamental tener en consideración los siguientes puntos:
-No ser demasiado indulgentes
-Evitar la “sobrecompensación” por ser hijo único
-Respetar la relación padre-hijo y no darle un espacio de decisión en los temas de adultos
-Dejar de lado la sobreprotección
-No esperar la perfección de parte del niño
-Establecer reglas
-Evitar el exceso de halagos
-Entregar la atención justa que el pequeño necesita
Al aplicar estos conceptos en la crianza de un niño, lo más probable es que, lejos de las características negativas que pudieran ser inherentes a la condición, resaltarían capacidades como el liderazgo y la autonomía, además de ser poseedores de una personalidad extravertida y con un alto nivel autoestima. Finalmente, todo pasa por cómo los padres enfrentan la educación.
Categoria: 4 a 6 años, Infancia
Acerca del Autor
Periodista de la Universidad de Artes, Ciencias y Comunicación, UNIACC. Diplomada en Comunicación Estratégica. Tía chocha y consentidora de Joaquín, el principal encargado de darle luz a mi vida.Relacionados
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