por María Verónica Reyes
Matrona ICMER
vreyes@icmer.org

Los humanos nacemos muy inmaduros, por lo que dependemos en las primeras etapas de nuestro desarrollo de los cuidados que nos brinden los adultos que nos rodean, especialmente nuestra madre. Un elemento esencial de estos cuidados es la lactancia materna.
Afortunadamente hay consenso acerca de las múltiples ventajas que presenta la lactancia para los niños, las madres y la sociedad en general. Éstas incluyen aspectos psicológicos, nutricionales, demográficos y económicos. La lactancia materna exclusiva en los primeros meses produce un impacto positivo muy importante en la salud de los niños y las madres, contribuye a espaciar los nacimientos y representa un ahorro económico significativo para las familias y países.
¿Qué ventajas tiene la lactancia materna?
- Para la madre:
Durante la lactancia, la succión del pecho estimula la liberación de algunas hormonas que permiten al útero recuperar su estado original, evitando las hemorragias después del parto. Es económica, sólo requiere reforzar la alimentación materna, está disponible a la temperatura ideal y elimina el trabajo de preparación de biberones, lo que presenta ahorro de tiempo y dinero. La producción de la leche promueve en la mujer, la pérdida del peso ganado durante el embarazo. La lactancia y el estrecho contacto que la madre establece con su hijo o hija permiten establecer lazos profundos y duraderos entre ellos. Además, una buena lactancia se asocia a sentimientos de logro y satisfacción personal, aumento de la autoestima y aprobación social por el desempeño de la madre.
- Para el niño o niña:
La leche de la madre es el alimento ideal, porque contiene todos los nutrientes que el niño necesita, durante los primeros 6 meses de vida, evitando tanto la desnutrición como la obesidad. Le otorga protección contra muchas enfermedades importantes como las infecciones respiratorias y la diarrea, porque no tiene contaminantes y contiene sustancias que aumentan sus defensas. Al succionar el pecho materno se estimula un mejor desarrollo de los huesos y músculos de la cara, favoreciendo también el futuro crecimiento de dientes más fuertes.
Además, la lactancia permite establecer una buena comunicación entre la madre y el bebé, logrando formar personas más seguras e integradas.
¿Qué costos tiene la lactancia para la madre?
La lactancia demanda tiempo y esfuerzo de la mujer, se asocia a un gasto nutricional importante, reduce en forma transitoria sus oportunidades laborales y otras actividades El gasto en energía para producir la leche y la actividad física destinada a cuidar del hijo/a generan cansancio, al que se agrega la falta de sueño suficiente por las demandas del lactante durante la noche.
Las madres que amamantan frecuentemente a su hijo/a (más de 7 veces por día) invierten más de dos horas del día tan sólo en alimentar a su hijo/a. Durante la lactancia exclusiva, la producción de leche implica un gasto de energía que se estima en 800 Kcal. por litro de leche y la madre también aporta los nutrientes que contiene la leche, lo que representa un riesgo nutricional si ella no recibe un aporte adicional.
¿Cómo debe alimentarse la mujer durante la lactancia?
En la vida de una mujer, el periodo de la lactancia es el más exigente desde el punto de vista nutricional, pues aumentan los requerimientos de casi todos los nutrientes. Esto se debe al esfuerzo metabólico que supone la producción de alrededor de casi un litro de leche diarios.
La cantidad de energía requerida por la nodriza es aproximadamente un 22% más de la mujer que no lacta y en ningún caso la ingesta diaria debe ser inferior a las 1500 Kcal/día. Durante este periodo se utiliza también la grasa que la madre acumuló durante el embarazo y que es una fuente de energía, lo que contribuye a que la mujer recupere su peso habitual. La necesidad de ingerir proteínas aumenta un 30% con respecto a una mujer que no amamanta. Se sugieren unos 15gramos de proteínas por encima de la recomendación habitual y tener en cuenta la variedad de sus fuentes de origen vegetal, sin restringirse a las de origen animal.
Durante la lactancia aumenta la necesidad de ingerir vitaminas, particularmente la de las vitaminas A, E, C y D, por ello se recomienda consumir vegetales verdes y amarillos, como la acelga y la zanahoria, y otros alimentos de origen animal, como el hígado y la yema de huevo, aceites vegetales, frutos secos como el maní y pescados preservados en aceite y abundantes cítricos.
Al igual que en el embarazo, durante la lactancia aumentan los requerimientos de calcio y fósforo en unos 400 MG. La ingestión insuficiente de estos pudiera desabastecer las reservas de la madre y conducir a una descalcificación ósea y otros tra
stornos por deficiencia, lo que se incrementa con el número de hijos. La cantidad recomendada de calcio durante la lactancia alcanza los 1200 MG. diarios, por lo que se deben consumir alimentos como la leche y sus derivados para garantizar este aporte.
Cuando la alimentación diaria no aporta lo necesario, puede afectarse la cantidad de leche producida, sin embargo, su composición se modifica poco, pues la naturaleza ha dispuesto que el organismo materno tienda a mantenerla, aun a costa de sus propias reservas nutricionales.
Por último, aunque la cantidad de leche producida por la mujer no depende de la cantidad de líquidos que ingiera, es aconsejable una ingesta adicional para mantener normal el equilibrio de líquidos en su organismo. El consumo de alcohol deberá eliminarse por completo pues su concentración en la leche es la misma que la de la sangre de la madre. La cafeína que se excreta en la leche materna en exceso puede producir irritabilidad y trastornos del sueño al niño, sin embargo, se puede consumir cantidades moderadas como una o dos tazas de café al día.
¿Cómo puede prevenirse el embarazo durante la lactancia?
Mantener un adecuado intervalo de tiempo entre los embarazos es importante para la salud de las mujeres, ya que permite recuperar las condiciones físicas y sicológicas anteriores al embarazo y la lactancia. La anticoncepción post parto contribuye a mejorar la salud y calidad de vida de la mujer, así como también la del bebé, porque permite mantener por más tiempo la lactancia y dedicarle más tiempo a su crianza.
La naturaleza nos ha brindado el método llamado “Amenorrea de la Lactancia”. Para que sea efectivo para prevenir el embarazo, este método tiene que cumplir con tres condiciones. La mujer debe estar amantando en forma exclusiva, es decir, el lactante debe recibir sólo pecho materno sin otros alimentos. Además, la madre debe estar en amenorrea, es decir, sin sangrado (ni siquiera gotitas) después de terminado el sangrado post parto. La tercera condición es que el bebé sea menor de 6 meses. Si no se cumple cualquiera de estas tres condiciones es necesario usar otro tipo de método anticonceptivo. Se tienen entonces dos opciones: usar métodos no hormonales o métodos hormonales.
Los métodos no hormonales se consideran la mejor opción para la mujer durante la lactancia, ya que no interfieren con la lactancia ni con el crecimiento de los bebés. Entre ellos están: los dispositivos intrauterinos no hormonales como la T de Cobre y los métodos de barrera (como son el condón, el diafragma). La pareja puede considerar también los métodos permanentes como la esterilización femenina y masculina, si no desean tener más hijos/as.
Los métodos hormonales de progesterona o de progestágeno solo (derivados de la progesterona) no alteran la lactancia y son muy efectivos. Son además una buena elección, cuando los métodos no hormonales representan un riesgo para la salud de la mujer o no son aceptados por ella.
La progesterona es la hormona natural producida por el ovario y no es activa por vía oral por lo que no afecta al lactante. Se administra a través de anillo vaginal y es absorbida por la mucosa.
Los métodos de progestágeno solo pueden se usados como píldoras, inyectables, implantes subdérmicos y dispositivos intrauterinos que liberan Levonorgestrel. Al usar este tipo de método, una pequeña cantidad de hormona pasa a la leche y no se conoce el efecto que puedan tener a largo plazo en el desarrollo de los infantes. Por ello, se recomienda comenzar su uso después de la sexta semana post parto, para evitar la ingestión de la hormona por el recién nacido en una etapa en que el sistema nervioso, el riñón, el hígado y otros órganos están muy inmaduros.
¿Qué aspectos psicológicos y sociales hay que considerar?
Durante el postparto y la lactancia, la mujer experimenta cambios profundos anatómicos, fisiológicos, en la relación con pareja y con la familia y, en general, en la forma en que se desarrolla la vida diaria. Se puede sentir más vulnerable, ya que los cambios están asociados a nuevas emociones, sentimientos y responsabilidades y a nuevos intereses y prioridades a corto y largo plazo.
Esta etapa puede ser una experiencia difícil para las mujeres por las demandas del recién nacido, el deseo de cumplir con las funciones maternales de la mejor manera posible (lo que compite con otras funciones de la mujer dentro o fuera de la casa) y por la inseguridad que las mujeres tienen con frecuencia acerca de la manera en que deben cumplir estas funciones maternales. En algunos casos, las mujeres experimentan diversos grados de alteraciones psíquicas que pueden llegar a constituir un cuadro serio, como es la depresión postparto.
Por estas razones, las mujeres que están amamantando necesitan apoyo de su pareja, de su familia, de su red social y del personal de salud que cuida de su salud y de los lactantes.
Foto: @diluvi






