Un padre preocupado

Un padre preocupado

protección de los hijosCada día estamos expuestos a un sinnúmero de noticias lamentables que involucran a niñ@s. Y, como padres, empatizamos inmediatamente con un sufrimiento que nadie quiere para su familia. ¿Qué hacer con nuestra preocupación?

Imposible abstraerse hoy de un montón de noticias vinculadas a niñ@s con diversos problemas: abusos, secuestros, maltratos…un sinfín de situaciones que nos hacen temblar frente al periódico o el televisor, pensando en esos padres e imaginando cómo podríamos enfrentar nosotros un hecho tan dramático. Algo que cambia, indefectiblemente, la vida de un pequeño y de toda su familia.

¿Hay más peligro hoy? ¿O es que tenemos más acceso a la información que la se tuvo durante mucho tiempo?

La sensación, en la práctica, es de inseguridad. Y todos los días debemos luchar contra ella, para reducirla al máximo (si es que no conseguimos eliminarla).

Hay algo o alguien allá afuera, que por una u otra razón está dispuesto a hacer daño a un niñ@. Es una verdad dolorosa, pero también un antecedente que debe ser incorporado a nuestra planificación como padres.

Siempre he tenido la tendencia a confiar en la gente y me gusta que sea así. Sin embargo, he debido matizar radicalmente ese espíritu al tener un hijo, pues las consecuencias de un error de criterio no me las llevaré yo, sino él. Y me he puesto quisquilloso, preguntón, agobiante.

En la prensa, expertos recomiendan estar cerca de los niños, conversar con ellos y observar cambios en su comportamiento. Yo me pregunto (creo que con algo de fundamento): ¿No es eso algo que deberíamos hacer siempre?

Si se puede hablar de algo positivo, bajo este contexto de preocupación generalizada, es respecto a la mirada mucho más presente de los padres de hoy que, atorados con la vorágine de estos tiempos, estaban dejando muchas cosas en manos externas. Y muy pocas en las propias.

Los niños siguen estando ahí. Siempre lo han estado. Y pueden estar seguros que ellos notan las diferencias en nosotros. Esos cambios de actitud, la disposición para sentarnos a jugar o, el simple gesto de llegar una hora más temprano a casa.

Compartir el tiempo escaso, pero hacerlo con profundidad, es una oportunidad no solamente para reforzar la seguridad familiar, sino también para encontrar nuevos y mejores espacios de felicidad.

 

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