Vacaciones aburridas

Vacaciones aburridas

¿Cómo? Sí, vacaciones aburridas. ¡Pero si las vacaciones son para entretenerse! Dirían los niños. Y no sólo a los niños. Parece que hemos unido por completo la idea de la diversión a las vacaciones, que no toleramos siquiera pensarlas aburridas. Así como el trabajo debe ser productivo y las clases educativas, las vacaciones deben ser entretenidas. Y resulta que a veces no nos resulta productivo el trabajo, no aprenden nuestros niños lo que debieran y, horror de horrores, se aburren en las vacaciones, nos aburrimos.

¿Los niños deben estar siempre entretenidos? ¿Debemos entretenerlos? Nos parece que este tiempo de vacaciones resulta ideal para detenernos en el aburrimiento de los niños y en los efectos que generan en nosotros. Pareciera que desconocemos que es desde el aburrimiento que se nos ocurren cosas, porque si estamos entretenidos cómo creamos historias, juguetes, ideas? Al estar aburridos es cuando nos podemos dar cuenta de qué nos pasa. Porque podemos centrar nuestra atención en otra cosa. En eso que el cuerpo a veces grita. Cuando a veces estamos entretenidos, ni siquiera nos damos cuenta de qué le pasa al otro.

Cuando son pequeños y se aburren lloran. Los tomamos en brazos, les entregamos juguetes, los paseamos, jugamos con ellos. Cuando crecen ya usan la palabra, la frase que al parecer intentamos por todos los medios alejar de nuestros oídos: “Estoy aburrido”, que en general viene dicha con tono francamente quejumbroso.

¿Y cuál es la respuesta habitual? Responder a la queja, proponer un juego, resolver el problema, ó la queja de vuelta porque se queja el niño “con todo lo que tiene”.

Veamos qué es lo que tiene el niño: se tiene a sí mismo, eso es lo principal, tiene su cuerpo, su vida, sus manos, sus sueños, sus ideas, sus intenciones. Y es permitiéndoles un espacio a ellas que podrán ellos mismos salir de ese estado. ¿Quién dijo que el aburrimiento les hace mal a los niños? ¿Quién? Si usted lo cree, es probable que reciba con horror la frase en cuestión y reaccione. Por el contrario, si lo aceptamos como parte de la vida, nuestra también (¡¿ó a usted no le pasa que a veces se aburre en el trabajo y/ó en las vacaciones incluso?!), podemos recibir el aburrimiento en paz y acompañar a los pequeños a aprender a aprovechar el aburrimiento, preguntándoles qué le gustaría hacer, cómo le gustaría hacerlo, qué materiales necesita, ayudándolo a concretar SU propia idea, lo que permite entender el aburrimiento como una OPORTUNIDAD para descansar de los tiempos organizados por otros (ahora te levantas, ahora a la sala, ahora a lenguaje, ahora a recreo, ahora a estudiar, ahora a taller, ahora a dormir, etc) y resolver qué es lo que quiero hacer yo, cómo lo quiero hacer, dónde lo quiero hacer y …. hacerlo.

Ps. Macarena Kolubakin Muñoz

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