Vacaciones. Tiempo para De:tenernos a jugar con nuestros hijos

Vacaciones. Tiempo para De:tenernos a jugar con nuestros hijos

Ahora que se aproximan las vacaciones de los niños y las nuestras, queremos invitarlos a vivirlas como un proceso que nos sirva a todos para descansar. Para esto sería bueno detenernos para definir un marco de acción en el cual podamos todos y cada uno de los miembros tener nuestro tiempo y espacio. Y también para acordar cómo es que pasaremos ese tiempo JUNTOS. Algunas familias podrán definir el lugar al que viajarán y qué se hará en cada momento, considerando siempre un grado de flexibilidad en el programa de vacaciones. Otras quizás no podrán tener vacaciones juntas y será por separado.

Si los padres aún no han salido de vacaciones, será necesario explicarles a los niños que puedan entenderlo, que necesitan tener paciencia, que el mundo de los adultos no funciona como el de ellos. Pero que, mientras los niños esperan a los adultos,  ellos tendrán un día ó dos, definido por los padres, para hacer cosas juntos, padres e hijos, siempre y cuando se pueda. Quizás los padres podamos hacer el intento de almorzar con nuestros hijos un día laboral o que algún familiar pueda acompañar a los niños a la salida del trabajo y hacer juntos algo diferente después del horario laboral. Quizás mostrarles el centro de Santiago, ir  a algún museo, un picnic en la plaza cercana, donde el niño pueda ayudar a preparar los alimentos para llevar, etc. La idea es marcar el cambio de ritmo para los hijos y para nosotros en nuestros tiempos con ellos. Por ejemplo llamarlos por teléfono a mitad de mañana, eso que antes no se hacía, preguntarle qué ha hecho y, si no está muy interesado en hablar, al menos uno como padre expresarle que lo quiere mucho y que haga diferente cosas pero que cumpla con sus responsabilidades, salir de vacaciones no es dejar de tenerlas, que ayude en la  casa, con las mascotas, con sus juguetes, que siga los hábitos de higiene, etc; pero a un ritmo distinto. Con más calma y cariño.

La idea es que podamos descansar todos, cambiar las rutinas, sobre todo aquellas que nos apuraban, para detenernos a relacionarse en otros ámbitos, especialmente el de los juegos sin tener el colegio como tema que a veces, lamentablemente, pasa a ser predominante con altos costos para nosotros y ellos.

Es necesario detenernos en que el juego se presenta de diferentes maneras con los hijos según la edad que tengan. Necesitamos detenernos con ellos para saber qué es lo que quieren ellos jugar (no cuáles son los juegos que nosotros queremos que ellos jueguen), para que ellos sepan que nos tienen. Y para que nosotros tengamos presente que los tenemos a ellos.

Con los niños pequeños, de 0 a 2 años, su juego tiene una duración corta, ya que no pueden mantener la atención por mucho tiempo: puede ser juegos como el “¿está?”, jugar con esos juguetes que el niño usa cuando está solo, para interactuar con ellos y sus juguetes. Podemos también participar activamente en la rutina diaria del niño (comida, baño, paseos, acostada a dormir, etc.)

De 2 a 6 años: El juego con los hijos pasa por hacer una competencia de aviones hecha de papel y ver cuál llega más lejos, hacer barcos y ver cuál queda flotando más tiempo, jugar a las cartas, ayudar en cocinar cosas frías, etc.

De 6 a 10 años los juegos que impliquen reproducir la vida de los adultos serán especialmente atractivos, lo que nos acerca cada vez más a ellos con un ritmo distinto para jugar juntos.

La invitación que nos hacen las vacaciones es entonces a detenernos con nuestros hijos para jugar juntos sus juegos y descubrir cómo podemos descansar juntos.

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